El jaque de la dama
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deporte femenino
Habitualmente la mujer consume deporte en menor grado que el varón. Por consumo deportivo entendemos tanto la práctica como la presencia en eventos deportivos, bien sea in situ bien sea por televisión, tanto en directo como en diferido. En España, paradigma de los males ajenos en numerosas ocasiones, nuestras mujeres se preocupan del deporte aún en menor medida de lo que lo hacen en nuestro entorno económico, político y social. Pero este asunto será tema para otro artículo en el que afilar nuestra particular Aguja.
La competición deportiva femenina, ya de por sí arrinconada por los grandes actores sociales, no acaba de levantar expectación ni entre las propias féminas. Las gestas de las competidoras quedan la mayor parte de las veces olvidas en los anuarios deportivos.
Es cierto que las plusmarcas femeninas están aún por debajo de las masculinas (1), pero de vez en cuando conviene recordar que la mujer puede enfrentarse al hombre en igualdad de condiciones.
En estos días el reto se encuentra en el deporte de los sesenta y cuatro escaques. Y Judit Polgar se está encargando de demostrar que ellas pueden derrotarnos. Lo que no es comprensible es la poca difusión que tienen sus victorias sobre los mejores ajedrecistas mundiales.
En 2002 derrotó al todopoderoso “Ogro de Bakú“, el mismísimo Gary Kasparov, en 42 movimientos.
Lo lamentable no es que no se informe al gran público de estas conquistas; lo triste es que las propias mujeres no amplifican este tipo de noticias, restando así importancia a los logros de otras mujeres en el campo de la igualdad.
Judit Polgar se encuentra en estas fechas en San Luis (Argentina) para disputar el Mundial de Ajedrez de la FIDE. Ella sola contra siete de los ajedrecistas más grandes del mundo.
Como se nos recuerda desde el Aula de El Mundo, no es la primera vez que una mujer vence a los hombres en deportes considerados cotos masculinos.
Ya en los enlaces anteriores hemos dejado constancia de quién es Judit Polgar, pero para los interesados en saber más, aquí tienen otro más a una semblanza y aquí una breve biografía.
Si finalmente la joven Judit Polgar se alza con el entorchado mundial en Argentina, ¿tendrá el eco que la hazaña merece? Parece ser que el ajedrez no es noticiable, que el deporte femenino lo es aún menos, y que la victoria de una dama sobre un caballero campeón del mundo es algo que debe ser ocultado. ¿Será que los medios de comunicación son feudo del género masculino?
(1) Quede claro que no es éste el motivo por el que la competición femenina se encuentra relegada de las audiencias.
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Qué grande Judit! Recuerdo que cuando empezamos a hacer nuestro blog, una de las primeras cosas sobre las que habló mi compañero fue la historia de esta chica (acá está el post: http://desdeelsillon.blogspot.com/2005/03/mas-grande-que-puskas.html), por lo que la noticia de saber que cada vez está peleando más arriba me cae más simpática aún.
Pero es cierto, más allá de que en algún lado se haya hablado de ella, se le podría dar más difusión al caso de esta chica, es notable lo que está haciendo, revolucionario en cierto sentido.
Creo que tiene mucho que ver, al igual que en la gran mayoría de los casos donde la historia la cuentan los que ganan, que los medios de información por lo general los administran hombres, que eso no significa que además siempre sean caballeros.
Hay una solución para que todas las Judit del deporte salgan en las primeras páginas gracias a sus éxitos deportivos o, simplemente, resultados pasables: que se despeloten. O, como mucho, que asomen bastante pantorrilla o canalillo. Si es que no falla. En el mundo del tenis femenino, algunas avispadas lo tienen claro. Ese es el camino y no que se proclamen campeonas de algo. Al mundo de los machos cabríos que gobiernan la mayoría del deporte y de los medios, un cuerpo bien macizo asomando carnaza por encima o por debajo del chandall o vestuario les haría soltar lastre inmediatamente. Triste pero eficaz. Es el condicionamiento clásico de Palov, pero en vez de con perros, con hombres de pelo en pecho.