Corresponde al género humano el tener [¿sufrir?] disonancias cognitivas. Cuando esto ocurre, la persona debe resolver su conflicto interno bien cambiando sus ideas, bien cambiando sus actitudes ante la realidad.
En épocas de sequía como la que estamos padeciendo el agua se torna un bien de consumo; un bien de los más apreciados, porque sin agua no hay vida; o al menos vida como la conocemos. El aforismo de “sin agua no hay vida” se convierte, pues, en una verdad incuestionable.
Y dado que el líquido elemento es esencial para la vida, la propia, la de nuestros familiares y la de nuestros congéneres, lo deseable es que se administre con justicia, vigilando a fin de evitar derroches y utilizando la cantidad indispensable para cada actividad.
Como la falta de solidaridad es también cosa de humanos, al final se han de crear artificialmente una serie de pautas y conductas que lleven a una correcta administración de los bienes escasos. Al final se deberán promulgar unas «leyes del agua» para que nadie derroche lo que otros no tienen (trasvases aparte).
En un mundo apocalíptico como el que se nos relata en el filme “Waterworld“, y a pesar de que el agua es lo que rodea por todas partes a los protagonistas, el agua potable es un bien escaso. Y se crea una sociedad y un comercio que gira en torno al elemento vital.
Esperamos no llegar a los extremos de la ficción cinematográfica, pero la realidad es que la sequía está aquí con nosotros. Y el agua debe ser bien administrada tanto en los domicilios particulares (cada uno debe empezar por sí mismo), como en las comunidades de vecinos, los pueblos y barrios, las ciudades y las áreas metropolitanas, las provincias y las comunidades y ciudades autónomas, y el propio Estado.
Debemos responsabilizarnos de que, según nos dicen, el agua va a empezar a escasear en la Piel de Toro, por lo que se debe comenzar a ahorrarla desde ahora.
Lo creamos o no lo creamos, la realidad es que hay sequía y que debemos prepararnos para lo que esté por venir. Si no actuamos, llegarán «las leyes del agua».
Y aunque hablamos en futuro, lo cierto es que esto es ya el presente. El Departamento de Medio Ambiente y Vivienda de Cataluña ha promulgado el DECRETO 93/2005, de 17 de mayo, de adopción de medidas excepcionales en relación con la utilización de los recursos hídricos.
Las medidas, en lo que afectan a esta Aguja de Bitácora, es decir, en el ámbito deportivo, se dirigen a evitar dispendios en los riegos de los campos de golf de Cataluña.
En buena lógica, si tiene que haber limitaciones, lo primero que se debe evitar es utilizar un bien escaso en actividades innecesarias. Innecesarias para la vida. Sí, seguro que alguno arguye que sin el golf no puede vivir, pero somos de la opinión de que el resto del género humano puede continuar viviendo perfectamente sin el golf.
El Decreto aludido no dice que no se riegen los campos de golf, sino que crea unos escenarios y en función de ellos autoriza ciertos volúmenes de riego (1).
Si, como nos están diciendo, España camina hacia un aumento de la desertización de su suelo, nos tememos que algunas cosas comenzarán a ser prescindibles. En nuestra opinión el golf es una de ellas.
Y tal vez los campos de césped artificial vayan a renglón seguido. Sabemos que para la práctica deportiva en un campo de hierba artificial es preciso regar el “turf” previamente durante un tiempo a fin de evitar abrasiones. Aunque quizá, gracias al sistema de drenajes, en estas instalaciones pueda reciclarse el agua para regar algo que es sintético.
Es muy posible que otros deportes o/y actividades lúdicas podrían comenzar a ver disminuidas sus prerrogativas actuales. Actividades tales que parques acuáticos, piscinas, o esas exhibiciones indoor de windsurfing que alguna vez se han visto en faraónicas bañeras.
Estamos lejos de asumir que el agua es un bien de consumo obligado y escaso. Este mismo verano en Lanjarón (Granada) se desperdiciaron 6 millones de litros de agua alegremente (y nunca mejor dicho). También merece atención lo expuesto en este comentario de barrapunto en relación con esa faceta de “deporte-ocio” que son las piscinas privadas (nos ha dejado meditando la utilización que se hace de Google Maps).
Quizá debamos empezar a tomar conciencia de que el mundo está cambiando, aunque ello nos produzca una disonancia cognitiva. El futuro hídrico no es apocalíptico. Aún.
13 de septiembre de 2005
(1) Hace unos años (¡muchos!) se publicaba en El País un artículo que se titulaba «Los 14 campos de golf de Madrid consumen tanta agua como Albacete (.jpg legible)», en el que se desglosaban una serie de datos sobre el consumo de agua que precisan estas instalaciones deportivas. La semana pasada aún este asunto ocupa espacio en los medios de comunicación, si quien busca desea encontrar. Lo decimos porque parece ser que empiezan a coexistir dos verdades (una oficial y otra oficiosa), y el campo ha quedado abonado para campañas de desinformación.
No comparte estas cifras el profesor don Cayetano Espejo Marín en su artículo “Campos de golf y Medio Ambiente. Una interacción necesaria” del nº 14 (Julio - Diciembre 2004) de la revista Cuadernos de Turismo, editada por la Universidad de Murcia, aunque parece que el profesor ha enfocado su artículo más hacia la justificación turística de los campos de golf.
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