Fernando Alonso campeón del mundo de fórmula-1. Alejandro Valverde, subcampeón del mundo de ciclismo en ruta. La selección española sub-13 de flagfootball campeona de Europa. Todo esto ha ocurrido en este mismo fin de semana.
Informan los medios de comunicación que tras el éxito de Fernando Alonso la gente ha tomado la calle para celebrarlo.
Que el público, el gran público, no se regocije con el éxito de nuestros alevines de flagfootball —especialidad educativa y sin contacto de fútbol americano, y además especialidad mixta en la que las chicas juegan en igualdad de condiciones con y contra chicos— es algo que esperábamos. Lo extraño sería que lo hicieran.
Pero mucho nos tememos que aunque el murciano Alejandro Valverde hubiera derrotado al sprint al belga Tom Boonen el público tampoco hubiera tomado la vía pública para liberar su euforia.
Particularmente la victoria que más nos satisface es la que se produjo en Gran Canaria, con el equipo nacional sub-13 de flagfootball como protagonista. Y nos satisface por sentirnos de alguna manera parte activa, y por conocer a muchos de los actuantes. Y porque compartimos muchas horas con tres o cuatro de ellos, y algunas más con uno que tiene 13 años.
Pero lo de salir a la calle a dar rienda suelta a nuestra alegría no se nos ha pasado por la mente. Quizá es que estemos ya algo mayores para “hacer el tonto por ahí un domingo por la noche”.
Nos preguntamos sin embargo cuál es la diferencia entre la respuesta del público a la victoria de “Ferrarín” Alonso y la que hubiera tenido la supuesta victoria, caso de que se hubiera producido, de Alejandro Valverde. Nos tememos que no hubieran sido iguales, aunque al fin y al cabo se tratara de dos entorchados mundiales.
Desde luego la diferencia no reside ni en lo anunciada de la victoria en el circuito de Interlagos (cuyo verdadero nombre parece ser “Autódromo Carlos Pace“) ni en lo sorpresiva que hubiera sido la de Madrid.
La diferencia, a nuestro juicio, la han puesto los medios de comunicación y la cobertura que han dado a Fernando Alonso y a su éxito que nadie discute. El asturiano ha sido catalogado de fenómeno mediático, aunque no lo sea gracias a su carisma.
Pero no ha sido la calidad ni la cantidad de la cobertura prestada la que ha encandilado al público. Ha sido fruto de ambas, seguro, pero sobre todo de la constancia con la que los medios han prestado atención a Fernando Alonso. De un tiempo a esta parte el seguimiento ha sido constante, y al final Fernando era como de casa.
Estamos convencidos de que son los medios de comunicación, “alentados” por los patrocinadores, los que han elevado a la categoría de fenómeno social a “Fernandín” el de las malaspulgas (según dicen las malas lenguas). Quizá el encanto, el glamour, se halle en la distancia desde la que se ve siempre al asturiano. Siempre con su uniforme azul y amarillo (curiosa coincidencia entre los colores de Renault y Asturias que queda en sólo eso, en coincidencia), siempre desde lejos, siempre rodeado de gente frenéticamente activa, siempre siendo el centro de atenciones por parte de los técnicos.
Y ahora el gran público responde al esfuerzo conjunto de publicistas y medios. Este es un fenómeno que se retroalimenta. La respuesta de la gente ha sido salir a la calle a celebrar el triunfo de un tipo al que no conocen. A quien tuviera que levantarse el lunes a las seis de la mañana y haya tenido debajo a un grupo de ociosos alborotadores es de suponer que no le haya hecho mucha gracia esto de la manifestación espontánea del sentir popular.
Se demuestra así una vez más el poder de inflar a las masas que tienen los grandes medios de comunicación aliados con los grandes eventos deportivos, cosa que saben aprovechar muy bien los que en determinado momento están al frente de la realidad social.
Decía Juan Puñetas en su bitácora “Por el Arco del Triunfo” que en España elevamos al pedestal del mito a nuestros deportistas para después poder derribarlos con mayor facilidad (o algo así que decía, pero mejor lean su excelente artículo).
En otra ocasión otro compatriota nuestro dijo “que el que sube como un trueno suele bajar como un rayo“. Y es que los poetas reflejan lo que observan a su alrededor. Cosas de la idiosincrasia patria.
El tiempo dirá, pues, si el de Oviedo se convierte en gurú del motor o si, por el contrario, es relegado al ostracismo. A día de hoy no parece que vaya a ser así, ¿verdad? (Por cierto, excelente semblanza deportiva de Fernando Alonso en PeriodistaDigital vía Europa Press).
27 de septiembre de 2005
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(Jean Dolent)















La fiesta nacional con lo de Alonso viene no sólo porque es la primera vez que tiene lugar un triunfo así en el deporte del automovilismo sino también porque hay otros factores concatenados. Quien más, quien menos tiene coche (uno de los más importantes becerros de oro de nuestro modus operandi) y aunque sea de reojo, mucho personal ha seguido el discurrir de las carreras en algún momento. La fórmula I “viste” mucho: un deporte de ricos con el que fardan los pobres, si pueden (y desde hace un par de añitos, los españoles ya podemos). Un personaje y un mundillo en el que no hay ni medio centímetro de carne o metal sin su correspondiente pegatina de propaganda o producto de marketing: gorra, casco, postal, mono, scalextric, llanta…. No extraña que el piloto asturiano ocupe la pole en ventas por internet y que sea el personaje más visto en la tele en 2005. Y, claro, llegamos a la razón más poderosa y que da sentido a los anteriores y otros factores: los medios de comunicación. Igual que la confección del Estatut catalán la han convertido en un autentico coñazo, día va, día viene, igual ha pasado con Fernandico. Ha salido hasta en la sopa, ha hecho anuncios de todos los colores (malísimos casi todos, pero en hora punta) y ya lo del premio ese de Asturias es un ejemplo clarísimo de por donde han ido los tiros. Sin haber conseguido ningún éxito espectacular en ese momento, toma Premio Principe de Asturias. Así que Alonso, gracias a la fábrica de fabricar mentiras que es la televisión, ya es como de la familia, un hijo, un hermano, un ideal, un amigo, un chaval muy majo, un principe… La fiesta nacional se veía venir. Y luego, para rematar la faena, pasa que en este país la gente tiene muchas ganas de cachondeo y marcha, ganas de hacerse dueña de las calles. No sólo pasa por el sur, también por el norte, este y oeste. Así que, aprovechando el pildorazo de autoestima que nos ha largado Alonsico, la noche es nuestra y viva la parranda y la pepa. Porque, oye, ¿alguien entiende que haya gente que se haya largado a Brasil a ver la carrera y festejar el posible triunfo, gastándose un acojonante pastón? La pinta de los aficionados que allí fueron no era la de unos ociosos millonarios. No lo entiendo y tú tampoco, pero a lo peor es que somos nosotros los que estamos más pasados que el gallo de Morón para estos tiempos de telecaca. Digo yo….
Acabas de destaparme otra “caja de Pandora”, si es que se puede pegar aquí este frase mitológica (y nunca mejor dicho). Veré cómo enfoco el hecho de que un trabajador se gaste el sueldo de un mes en un viaje a Brasil o/y en un abono para la temporada futbolera. Porque hay alguno con hijos que después no llega a final de mes. Eso sí, sale en la tele en la Plaza de Cibeles o en la Plaza de Cataluña (porque está claro que en vez de La Liga sería más correcto llamar al torneo El Pulso, puesto que sólo es para dos) y en Interlagos. Y después dice que lo suyo es amor al deporte…