La misma ley para el buey y el león es opresión
William Blake

La Administración local es la Administración más cercana al ciudadano. Los clubes deportivos son asociaciones voluntarias de ciudadanos cuyo objeto es la práctica deportiva.

Atendiendo a estas dos premisas, pronto nos damos cuenta de que la Administración que debe “lidiar” con los clubes deportivos son los Ayuntamientos. Utilizamos el verbo lidiar en su sentido más amable, sin acritud hacia ninguna de las dos partes, ni ayuntamientos y ni clubes.

La tendencia de los ayuntamientos, bien sea a través de un servicio deportivo propio, bien sea a través de un organismo autónomo local, es tratar a todos los clubes por igual.

Las convocatorias de subvenciones son, diríamos, planas, como lo es cualquier reglamento. Las tasas por utilización de las instalaciones son también planas, como corresponde a una ordenanza de tasas. El trato de la Administración deportiva local hacia los clubes es también plano, como debe ser cualquier trato institucional. El lector avispado ya habrá entendido el sentido que pretendemos darle al adjetivo “plano”.

Esto, que parecería de lo más democrático, en realidad genera un problema; un problema fácil de explicar y un poco más complicado de tratar.

Todos los clubes no son iguales. No todos tienen las mismas necesidades; no todos obtienen los mismos ingresos; no todos tienen los mismos objetivos; no todos están dispuestos a colaborar activamente con los ayuntamientos en las competencias deportivas que éstos tienen conferidas; no todos tienen los mismos gastos; no todas las modalidades deportivas despiertan el mismo interés social…

Pensemos que unas modalidades precisan de instalaciones y otras se desarrollan en la Naturaleza; que algunos clubes obtienen ingresos por taquilla mientras que otros han de organizar sus propios eventos deportivos; que algunas modalidades tienen cobertura televisiva nacional —lo que conlleva el respaldo de gran cantidad de seguidores en el ámbito local— mientras que otras son totalmente desconocidas para el gran público, y no por ello menos interesantes desde el punto de vista deportivo, educativo o/y lúdico.

Sentada esta otra premisa, la de que no todos los clubes son iguales y que no todos tienen las mismas necesidades, en buena lógica podemos empezar a pensar que no todos precisan el mismo trato. Con la circunstancia añadida, la cual es el motivo de este artículo, de que algunos clubes deportivos son de nueva creación, por lo que están necesitados de lo que se conoce en otros ámbitos como mecenazgo.

Existe una ley que prevé que esta labor de mecenazgo la asuma la iniciativa privada, en favor precisamente de, entre otros, las Entidades Locales. Otro día hablaremos de este tema. Por el momento incidiremos en la conveniencia de que una Administración local ejerza a su vez una labor de mecenazgo, o de tutela, si así lo prefieren los juristas.

Esta tutela debería buscar la consolidación de un club deportivo de base que aporte al municipio o a la jurisdicción en la que se radique (entidades menores de ámbito inframunicipal) un valor del que se carece.

Existen diferentes factores a valorar para esta acción de tutela o/y mecenazgo: que el club sea el único que potencie determinada modalidad, que la modalidad en cuestión sea de interés social, bien sea por su valor educativo, lúdico o turístico (es el caso de deportes en la Naturaleza, como la orientación), que fomenten la participación de sectores habitualmente discriminados, como son los niños, mujeres, minusválidos, tercera edad, inmigrantes…

Queda demostrado que es injusto tratar a todos los clubes bajo los mismos criterios. A lo que lleva esto es a que el que más tiene cada vez tenga más: más dinero (vía subvenciones), más espacios deportivos (horarios), más deportistas (que acudirán al reclamo de un club poderoso, localmente hablando)…

Los clubes de nueva creación que intentan introducir una nueva modalidad en su ámbito geográfico cuentan con una gran desventaja, habida cuenta de la voracidad y la falta de corporativismo de las demás entidades deportivas. Son los últimos en llegar los que más necesitan de una labor de tutela y de una acción de mecenazgo por parte de su ayuntamiento. Y no estamos hablando exclusivamente de dinero.

Pero cuidado, que otorgar algún tipo de privilegio crea vicio, comodidad y precedente. Se debe establecer un plan bienal, o como mucho trienal, para que el nuevo club se implante en la sociedad local. Pasado ese tiempo un club ya no puede ser considerado de nueva creación, por lo que deberá ser tratado bajo criterios “planos”.

20 de septiembre de 2005