En algunas “grandesligas” los homosexuales están mal vistos. Me estoy refiriendo únicamente al género masculino, pues del sexo opuesto (¿opuesto?, más bien sería complementario) no tengo información. De todas formas tampoco hay “grandesligas” femeninas…, por el momento.
El caso es que el malestar en el vestuario se hace patente, incluso saltando a la opinión pública, cuando un jugador revela su condición de homosexual.
Tengo claro que aquí, en el mundo quiero decir, todos tenemos los mismos derechos (o deberíamos tenerlos). Quiero declarar antes de continuar que no tengo ningún tipo de animadversión ni hacia el colectivo gay ni hacia ninguno de sus miembros particularmente. Como muestra de mi buena voluntad añadiré que en mi último artículo, que trataba sobre los transexuales en el deporte, al enterarme de que me tocaba publicarlo el Día del Orgullo Gay, añadí la banderita arco iris y dejé constancia de la celebración.
El artículo de hoy, sin embargo, tratará de explicar el porqué del malestar que genera un homosexual en el vestuario. Ni siquiera sé si tengo razón en lo que voy a exponer. Simplemente reflejaré un pensamiento, una idea, una reflexión, un punto de vista.
Comenzaré diciendo que los que llevamos haciendo deporte desde la niñez y hemos continuado a través de la adolescencia hasta la madurez, hemos bromeado (incluso alguno fantaseado) con la posibilidad de vernos dentro del vestuario femenino.
Me recuerdo con mis dieciocho añitos, rodeado de otros célebres deportistas poco mayores que yo, hablando de la posibilidad de entrar en el vestuario del equipo femenino de baloncesto. ¡Aquellas chavalas con cuerpos deportivos de una edad igual a la nuestra! Incluso en un par de ocasiones llegaron a visitar el gimnasio donde nos ejercitábamos los “bizarros gladiadores” que éramos.
Coincidíamos en el Palacio de los Deportes de una conocida ciudad norteña. Entre risas fueron a vernos entrenar en esas tardes en las que habían concluido ya la temporada. Todo esto no hizo más que calentar nuestra imaginación, que veía la posibilidad, incluso, de proponerles una ducha conjunta.
Pero…, aquí se perdía el encanto de la ensoñación. Es decir, si hubiéramos contado con el permiso de ellas no habría sido lo mismo. ¡Hombre!, habría sido algo inolvidable…, pero no hubiera sido lo mismo.
Lo que hacía verdaderamente atractiva la “fiesta” era la posibilidad de observar sin ser vistos, ver sin que fuera percibida nuestra presencia. Y, desde luego, poder ver cualquier momento y cualquier rincón del vestuario. Lo ideal hubiera sido disponer de una de esas “mallas de la invisibilidad” de los cuentos medievales.
Antes de que el ocasional lector de estas notas mías me juzgue un voyeur y cierre sin más esta página diré a dónde quiero llegar exactamente.
Existe una evidentemente connotación sexual en el acto de mirar sin ser percibidos. Y un homosexual no declarado en un vestuario masculino bien puede disfrutar de esa condición de mirón, de voyeur si se prefiere, sin ser “percibido” por el resto del equipo.
Imagine ahora mi todavía lector la indignación de las jugadoras del equipo de baloncesto femenino si se hubiera descubierto un agujero por el que hubiéramos podido mirar a nuestras anchas (agujero que nunca existió, debo aclarar). Un agujero desde el que hubieran sido vistas sin reparar en los que miraban.
Pues es muy posible que esa misma indignación sea la que manifiesta el vestuario masculino cada vez que se conoce la condición de homosexual de uno de sus miembros. Han estado siendo observados sin reparar en que alguien podía estar mirando “escondido”, ataviado con una especie de “malla de la invisibilidad”.
Quizá alguien más docto que este torpe aporreateclas pueda explicarlo con mayor elegancia y con mayor concisión, pero creo haberme explicado de forma que quien me haya leído ha podido entender lo que quiero decir. Y usted, lector, ¿entiende?
1 de julio de 2005
http://www.agujadebitacora.com/2005/07/homosexual-en-vestuario/trackback/(coloca el cursor sobre las estrellas que desees otorgarle y pincha)





= flojo |
= aceptable |
= interesante |
= bueno |
= ¡muy bueno!
![]() Versión imprimible |
![]() Deja tu opinión |
![]() ¡Comparte! |
![]() Leer comentarios |
|
Anterior : « Deporte en el siglo XXXI |
Posterior : El deporte rey » |





(Jean Dolent)















Veo que esta semana has salido del armario y te has puesto el traje multicolor (arco iris) :)
Te has dejado en el tintero esos vestuarios públicos (aunque sean de gimnasios privados) en los que puede entrar cualquier marica. También ahí se sienten las miradas, y se notan los ánimos de algunos. Ahí también tienen ventaja, pues a los heterosexuales nos gustaría estar en el otro vestuario, como bien has dicho.
Y enlazando este artículo con el anterior; ¿dónde se cambiarán los transexuales no operados? No me digas que hay tres vestuarios también.
No soy gay, si es lo que quieres decir con lo de salir del armario. Si lo fuera supongo que lo diría (conociéndome como me conozco…). También estoy en contra del racismo, y sin embargo tampoco soy negro. No soy tampoco emigrante…
Pero algo me dice que estas personas también deben disfrutar de los derechos que los seres humanos debemos tener. A lo mejor estoy equivocado…
Sobre lo que dices de los vestuarios de uso público creo que tienes toda la razón. Pero no creo que haya una solución para evitar ese “beneficio personal” que solamente intuimos. A lo mejor es que juzgamos la situación desde nuestra perspectiva de heterosexuales. Ya he dicho al principio que no expreso más que una idea personal. Y sigo sin saber si tengo razón en lo que expongo.
Pienso que en un vestuario deportivo profesional se pasa mucho tiempo. Y hay bromas entre amigos que no deben nunca salir de allí. Y tal vez algunas bromas nunca se habrían hecho de conocerse de antemano la condición homosexual de uno de los jugadores.
Soy de la opinión (que no comparte ninguna iglesia conocida) que lo que han de comerse los gusanos, que lo disfruten antes los humanos. Comprendo que haya gente a la que ver en cueros vivos a otra persona le dé cierto repelús religioso o tontuno. A mí también me da habitualmente, pero por otros motivos: el cuerpo humano es poco estético y menos cuando abandona las formas apolíneas y curvilíneas que le adornan en estado excepcional. Soy de la opinión que no hay nada más deprimente que una playa nudista… salvo que quienes deambulen por allí sean chicas y chicos 10, muscularmente hablando. Una utopía.
Si en mi vestuario de la piscina pública hay algún homosexual, que se aproveche de la visión de la jugada siempre que lo haga discretamente, sin herir la susceptibilidad de ningún machote circundante. Igual que cuando el tío de pelo en pecho pasa cerca del vestuario femenino y se le va el rabillo del ojo por la rendija de la puerta a ver lo que cae. Sí pediría, en sentido contrario, que ese zafio y basto machismo cabrío que algunos exhiben dentro y fuera de los vestuarios, lo dejasen aparcado en la percha de casa. Más que nada porque ese sí que suele herir sensibilidades ajenas. Algunas de ellas pertenecientes precisamente a ese anónimo homosexual que nos mira tímidamente en el vestuario. Lo que ya no sé es si su mirada es de lástima viendo la endeblez de nuestra arquitectura o de encocoramiento.
Ya digo, que disfruten los humanos aquello que tarde o temprano se comerán los gusanos. Aunque en la mayoría de los casos el plato sea más bien indigesto. Ya sabes: exceso de grasa, panza, osteoporosis, desviación de columna, michelines hasta en la planta del pie y otras lindezas típicas del 90 % de la corporalidad humana.
Hola Juan,
visto así…, has matado la libido, ja ja.
Pero cierto es que no todas las chicas son 10 y sin embargo tiene su aquél, como bien dices, mirar de reojo por la rendija de la puerta entreabierta.
Se dice (aunque más bien creo que es una de esas leyendas urbanas) que en los países nórdicos los vestuarios son mixtos (hay quien matiza que sólo los de las saunas). Tal vez así, sin tapujos y todos en cueros, como nos parió nuestra madre, se acabarían esas miradas de reojo de los tímidos del rincón y de los machotes de piscina. [Pero algo me dice que si esa moda se impusiera los gimnasios harían su agosto].
esta muy bien este articulo, felicidades.
@anonimy
¡Gracias!; soy consciente de que el artículo tiene algo más de fuerza en lo que pretende decir que en el cómo lo dice; su lectura es “poco lineal”. Celebro que te haya gustado.
Bien. Creo que ha diferencia de ustedes yo si soy homosexual, sin embargo, mi forma de pensar coincide plenamente con la del autor de la entrada.
Acudo normalmente a un gym y jamas utilizo los vestuarios (nunca antes practique deportes) por dos razones: la primera por parecerme deshonesto, o por la razon que se explica en tu articulo; y la segunda porque (JODER! xD) solo con empezar a ver algunos hombres a desnudarse empiezo a tener las reacciones fisicas típicas de un hombre sano excitado xD.
Me siento culpable y que abuso de la confianza de los demas si entro en un vestuario. Solo lo utilizado en ocasiones inevitables, y solo para cambiarme de ropa (no ropa interior)sin utilizar las duchas, y la ultima vez tuve que salir “corriendo” de allí debido a las excesivas buenas visiones…xD
Pero que remedio nos queda, no puede pasar a cambiarme con las tias…jeje
Saludos
Pues, Francisco, qué quieres que te diga… Dicen que ver es bueno, pero que palpar es mejor. De todas formas yo no me arriesgaría, y menos en un gimnasio, porque esos brutos te arrean una galleta que te dejan la cara de calcomanía en una taquilla.
No obstante deberías preguntar si alguien tiene inconveniente en formar parte de tus sueños onanistas. Lo digo por aquello de los derechos de imagen y eso…
Es todo lo que te puedo decir, porque yo no soy Elena Francis, y me alegra saber que coincidimos en la distancia.