Patrioterismo deportivo (y 2)
Viernes, 24 de Junio de 2005 |
la aguja |
Hay 7 comentarios
deporte profesional | sociedad
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El sentimiento patriótico deportivo al que hago referencia en la primera parte de este artículo está siendo utilizado ahora por el capital privado para vender (y nunca mejor dicho) el mismo esquema deportivo-patriótico con fines más acordes a los tiempos modernos. Cuando digo capital privado me refiero a los agentes que intervienen en el mercado deportivo: la prensa y las televisiones, los patrocinadores y los anunciantes, los organismos deportivos internacionales y los agentes publicitarios.
El mundo de hoy en día es un mundo más materialista que el de principios del siglo pasado. Los sentimientos patrióticos a los que se ha apelado desde el ámbito del deporte, y que resurgieron a finales del siglo XIX con un fuerte componente idealista, fueron utilizados posteriormente con fines políticos por regímenes dictatoriales primero, y más tarde por regímenes comunistas, encontrando réplica en el mundo occidental durante la “Guerra Fría”; en los tiempos que corren hoy en día estos sentimientos patriótico-deportivos se ven manejados por el capital privado para beneficio propio [evidentemente].
Se nos ofrece asistir a un espectáculo deportivo, es cierto, pero se nos adereza con el gancho sentimental de los lazos patrióticos: “todos con la selección”, “todos a Montmeló” (con Fernando Alonso), “toda España en Roland Garros”, “no te quedes sin la pulsera de la selección” y con frases similares que vemos y oímos semanalmente somos arengados desde los estamentos interesados a través de los medios de comunicación.
El origen del deporte profesional está en el espectáculo que brinda un enfrentamiento entre los mejores del mundo de cada modalidad. Y su finalidad es también el espectáculo, puesto que hacia esta vertiente se orientan las estructuras del deporte de elite.
El sentimiento patriótico en el deporte está siendo explotado para el provecho y el beneficio de un círculo selecto: los propios deportistas, los dirigentes federativos nacionales e internacionales, las empresas anunciantes, las empresas de productos deportivos, los medios de comunicación (que también son empresas), o los agentes publicitarios.
Y yo me pregunto: en realidad, ¿a mí qué me importa que Nadal gane Roland Garros, que Fernando Alonso gane el Campeonato del Mundo de fórmula 1, o que Benítez gane el Campeonato de Europa de clubes? Me alegro por ellos, pero al país no le ha supuesto un incremento en la renta per cápita (antes al contrario; establecerán su domicilio en paraísos fiscales, como han hecho otros deportistas antes que ellos).
Y qué me importa a mí tampoco la clasificación de veintidós tíos millonarios para el Campeonato del Mundo de fútbol, si además van a viajar a costa de los impuestos que pago cada día (quien piense que no paga impuestos está equivocado; cada vez que reposta combustible, cada vez que compra un bien de consumo, cada vez que se toma unas cervezas con los amigos, está pagando un IVA).
Me temo que estamos consumiendo gato por liebre (observe mi ocasional lector que no digo que nos están dando gato por liebre). El deporte profesional es espectáculo, independientemente de la nacionalidad o de la raza de quien lo dé. Asistir a la plusmarca mundial de los 100 metros lisos es siempre un espectáculo, independientemente de que quien la obtenga haya sido jamaicano o español. ¿Por qué he de alegrarme más por un compatriota si no me reporta ningún beneficio personal ni colectivo, mientras que a él sí que le reporta beneficio mi posterior euforia consumista?
Lo que pido es que me dejen consumir espectáculo (que también pago un IVA por verlo) y no me manipulen con tácticas psico-sociales para venderme un producto que debería venderse por sí solo.
Como me dijo en cierta ocasión mi amigo Pepo: cuando te alegras de que ganen estos deportistas profesionales, te alegras de que sean más millonarios todavía, mientras ellos no saben ni que existes; ni tan siquiera les preocupa que dejes de existir. Prefiero apoyar a los chavales del pueblo [o del barrio], que lo necesitan más y se lo merecen más. Y seguro que me lo agradecen más.
Y mi amigo, en vez de comprarse la camiseta de la selección, se ha comprado la camiseta del equipo de su pueblo, contribuyendo con ello a mejorar las ya maltrechas arcas del verdadero deporte: el deporte aficionado.
24 de junio de 2005
San Juan (la noche más corta)
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de un descreído del deporte




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Tienes más razón que un santo, si es que no te molesta el elogio (cosas de las frases hechas y las palabras, que tienen su historia y su aquel…). Estoy completamente de acuerdo en los argumentos aportados en los dos comentarios sobre el patrioterismo deportivo. Lo que pueda tener de positivo (algo habrá, digo yo) es que a menudo la presencia estelar de un deportista exitoso hace que el personal de a pie se arrime hacia ese deporte para practicarlo, cosa especialmente beneficiosa si son los chaveas.
Pero (lo decía muy bien un lector en la primera parte de tu comentario) gracias al deporte (no en su práctica, si no en su contemplación) mucha gente encuentra como llenar algunos otros vacíos existenciales. Entre estar más sólo que Mindolo y formar parte de un amplio colectivo donde uno se ampara ideológicamente y se autosatisface, mucho personal lo tiene claro. Prefiere estar mal acompañado, pero acompañado a la postre, que estar sólo. Otra frase hecha que da mucho juego.
¿Es el deporte el nuevo opio del pueblo? Pues en muchos casos, sí. Es simplemente una constatación cuando vemos esas celebraciones colectivas sobre éxitos de los equipos, una locura común que a algunos “solitarios” nos resultan bastante esperpénticas y excéntricas.
Claro que para esperpento, la utilización asquerosa (no me duelen prendas en la adjetivación) que hace el poder y los medios de comunicación afines (la inmensa mayoría) sobre el natural sentimiento comunitario, sea nacional, autonómico o local. Un ejemplillo. Cuando echan algún partido de fútbol en la televisión andaluza, apago la voz. Soy incapaz de aguantar a los cagapalabras que comentan el partido, a los que se les llena la boca cada cinco segundos de la palabra andaluz. “Coge la pelota el andaluz Popotillo, la pasa al sevillano Pipirramos, que se la devuelve a Papacoco, ese jugador nacido en Torremolinos…” Para desgracia de estos fanáticos (fíjate que hablo de Andalucía, qué se dirá en Cataluña o el País Vasco….), cuando ningún jugador es andaluz y la suerte facilita que lo sea el árbitro, no veas cómo lo defienden y ensalzan. Si es de Cuenca o Zaragoza, en cambio, le dan para el pelo.
Amigo, Luis, pa mear y no echar gota. Espero que nadie nos llame antipatriotas por querer mantener separado el nacionalismo patatero del deporte profesionalizado. Si así es habrá que decirle que confunde el culo con las témporas (otra frasecita hecha, que hoy es que me salen por la tecla que no veas…).
Vengo leyendo esta serie de artículos sobre los profesionales del deporte. Quiero decir que yo no estaba muy de acuerdo con el enfoque dado al tema. Pero creo que voy captando el mensaje.
Si un compatriota gana, gana él y no yo. A lo mejor sí gana el deporte de mi país. Pero sigue siendo lo mismo (más para los mismos). El beneficio sí estaría en que más jóvenes se enganchen al deporte. Pero también surgirán aficionados si gana otro ídolo deportivo de otro país. A lo mejor el récord de Asafa Powel anime aquí a un par de críos a hacer atletismo.
Lo mismo pasa con las quinielas. Si pongo a mi equipo a perder pero gano una millonada acertando ¿voy a estar triste? ¡Y un huevo! ¿Por qué voy a estar triste si ellos pierden la liga pero yo me llevo el pleno?
Releyendo ahora el artículo sobre los hinchas que interrumpieron el entrenamiento del Atlético de Madrid entiendo mejor lo que allí se decía. Esta visión es más descarnada pero al menos es más realista.
Amigo Juan; pienso que las religiones y las fronteras separan a la personas. Y una patria está delimitada por unas fronteras que siempre son artificiales por muchos ríos y montañas que haya de por medio.
El deporte surge ya en al antigua Grecia para unir a los pueblos. Incluso paraban las guerras para los diferentes juegos deportivos que celebraban (los olímpicos eran unos de tantos).
El deporte profesional es sinónimo de calidad: son los mejores. Yo no necesito que vistan una determinada camiseta para disfrutar contemplándolo. Un Alemania-Brasil de fútbol siempre será un buen partido. Pero si los españoles no ganan a mí no me decae el ánimo para nada.
No creo que este pensamiento pueda ser tildado de antipatriota. Como dice el amigo Clavo, puede ser un pensamiento más descarnado pero es más real.
Me satisface que entiendas aquel artículo de los energúmenos esos. Por cierto, ¿has visto el Buzón de Alcance del 6 de junio? (en la columna de la izquierda; pincha en el sobre).
Hola.
A mi en estos temas siempre me ha llamado la atención la relación que tienen los aficionados japoneses con el futbol. Allí hay muchos aficionados que son más fieles a un jugador que a un equipo, siguiéndole dónde quiera que vaya. ¿Imaginas a miles de cules comprándose la camiseta merengue de Figo cuando se fue al madrid?
Realmente el tema del patriotismo en el deporte, el sentimiento nacional y demás historias son más un tema social y cultural que no sentirse representado por” x” deportista o selección.
Pero no sé como explicarlo, ese componente es el que te hace vibrar especialmente con un torneo, aunque estoy de acuerdo que los extremos son ridículos, como no reconocer la grandeza de Amstrong para ensalzar a Indurain, o tener que elegir entre Sete y Rossi ( yo admiro a Valentino desde siempre, si Gibernau le planta cara me alegro, más divertido, pero ya está ) .
Si no vas con nadie se puede disfrutar del deporte (como en los Mundiales de Futbol o con la NBA ) , pero si el deporte es competición,si para que alguien gane alguien pierde, si has tomado partido por un bando, cuando acaba el partido o la carrera y tu equipo/deportista triunfa o fracasa, aunque sea por unos instantes, en ese momento la alegría o la decepción te invaden (aunque sea una soberana estupidez) , y eso es algo que cuando ves deporte sin importarte quién compite no puedes sentir.
En lo que estoy de acuerdo es que da igual que tu piloto preferido no sea español o de tu nacionalidad, o no seas del club de tu ciudad…aquí el deporte se vive de otra forma, pero apoyar a alguien, aunque sean niñatos millonarios, es lo que mueve masas y levanta pasiones, por encima del espectáculo que muchas veces nos ofrecen.
Un saludo y enhorabuena por el blog (te acabo de descubrir visitando Bar Deportes y el Bolg de Cajas ) .
Hola molsu,
Gracias y bienvenido. Espero que vuelvas por aquí.
Lo de los japoneses no lo sabía. Es muy curioso; será un fenómeno a estudiar. Aunque ya sabes que en el País del Sol Naciente hacen las cosas al revés (ja ja). Todos hemos oído que las huelgas las hacen elevando la producción, que los colores del luto son el blanco y el amarillo, etc. Es una mentalidad diferente.
Pienso que sí se puede disfrutar de la emoción del espectáculo deportivo sin dejarse llevar por la pasión. Quizá es un sabor diferente… Y los sentimientos pasionales embotan los sentidos.
Sobre lo último que dices de que “es lo que mueve masas y levanta pasiones”, es por eso que apunto que algunos están sacando beneficios económicos. Con el artículo lo único que pretendo es que por lo menos las cosas quedaran claras (aunque sólo fuera para mí).
Hola a todos,
Sólo quería hacer un par de apuntes a lo ya aportado.
Recientemente he leido en la prensa regional que por ejemplo en Japón, se están vendiendo banderas de Asturias en gran cantidad porque las asocian con Fernando Alonso y al mismo tiempo el viajero japones está “consumiendo” información sobre el principado por este motivo. Incluso creo que oficialmente se esta llevando o pensando una campaña turística por allí. Con esto quiero decir que, en este caso particular, si gana Alonso sí que parece que ganamos un poco los asturianos gracias al turismo.
Saludos
Dani
Ya, Dani; pero a mí a ese pensamiento me parece que le viene como anillo al dedo la frase de que “el que no se consuela es porque no quiere”.
Es una forma de ver las cosas…, pero mira tú por dónde tengo un artículo en la recámara que va en la línea que tú apuntas. Y es que en la Aguja de Bitácora se tienen en cuenta todas las corrientes (marinas) [que es lo que hay que hacer para poder navegar con seguridad ;-) ]