Leo hoy en la prensa digital dos noticias que me han hecho reflexionar. La primera titulada El Frente Atlético pide perdón a su equipo; la segunda, prácticamente idéntica a la anterior en su título y en su texto, se titula El Frente Atlético pide perdón al Atlético por los incidentes del Cerro del Espino.

Sobre los incidentes a los que se hace referencia en estas noticias me limitaré a autocitarme (y lamento la inmodestia, pero ya saben mis ocasionales lectores que suscribo plenamente la frase lapidaria “la modestia es la virtud de los mediocres“, y que aprovecho cualquier oportunidad para soltarla, como ha sido en este caso). Espero que la SGAE no me cobre un canon por el derecho de cita.

Mi escrito se localiza como comentario al artículo “Portada de culto” de la magnífica bitácora deportiva Bar Deportes.

Lo que pretendo explicar en mi post es que este tipo de acciones hay que atajarlas cuanto antes, pues se corre el riesgo de que, por imitación y ante la impunidad de los hechos precedentes, se propaguen acciones similares por toda la geografía nacional. Y que es posible identificar a los responsables a nada que se haga una investigación seria.

Sin embargo parece ser que estos individuos ya tienen nombre y apellidos; que son de sobra conocidos por las autoridades, y que incluso se permiten ser entrevistados en la radio.

Pues yo me niego a entender nada si ahora todo queda en un revolcón entre amigos. La denuncia debería ser interpuesta de oficio por los agentes de la Guardia Civil que hasta allí se acercaron (y es de esperar que así sea), y que, por lo tanto, el club quede inhabilitado para conceder el perdón por eso del arrepentimiento espontáneo.

Los autodenominados “ultras” (¿ultra-qué? ¿ultra-idiotas?) tuvieron tiempo para pensarse una acción así. Hubieron de citarse entre ellos, desplazarse hasta la localidad de Cerro del Espino, y después actuar. Eso se llama premeditación.

Lo de la valla medio tirada no es un eximente para irrumpir en una propiedad privada, pues ésta estaba perfectamente delimitada. La excusa para ocultar sus rostros es pueril hasta más no poder, pues el hecho es que este individuo llevaba un pasamontañas en un día soleado. Son ellos mismos los que reconocen haber actuado con violencia. Y ahora se permiten decir que si hubieran hablado con ellos los capitanes todo se habría evitado.

Y es aquí donde a mí se me va la pinza y dejo de entender lo poco de cordura que tiene este asunto y todos aquellos asuntos de igual índole que rodean al fútbol profesional.

No veo por qué tiene nadie que hablar con un grupo de aficionados del rendimiento del equipo. Y menos aún los propios jugadores y el cuerpo técnico. Hay otras vías para que un colectivo exprese su malestar a la Junta Directiva.

Se quejan de la pésima temporada que han realizado los jugadores. Pues a mí no me lo parece; el Atlético de Madrid es semifinalista de la Copa del Rey. Pero aducir esto es entrar en el juego de estos “cocosecos” (a pesar de que el tal “Fran” llevaba traje, pero de sobra sabemos que el hábito no hace al mono, digo al monje).

Vamos a ver, hombre. Contigo no tiene nadie por qué hablar de los resultados del equipo. El equipo y el club no son tuyos. Si lo fueran, habrías podido tomar medidas de tipo administrativo (miedo da pensar qué harían estos irresponsables si fueran dueños del club).

Ya que el club y el equipo no son tuyos, no tienes que pedir ningún tipo de responsabilidad a nadie. Tú y tus amigos, VOLUNTARIAMENTE, os habéis adherido al Atlético de Madrid. Los sentimientos y expectativas que habéis fijado en ese equipo es cosa vuestra.

Si la temporada no acaba como os gustaría, podéis volcar vuestras esperanzas en otro equipo, o/y en otro deporte. Lo triste, lo realmente triste, es que vuestra vida solamente gire en torno a un equipo de fútbol.

Los hechos son preocupantes, al menos desde la óptica de la psicología social. Que un grupo de aficionados se sientan frustrados hasta el punto de intervenir agresivamente porque un equipo de profesionales no cosechen los triunfos que ellos esperan, a mí me preocupa. Porque ya que en el deporte no pueden ganar todos, sería de esperar que también actuaran violentamente los aficionados del resto de equipos no ganadores.

Nos queda mucho por espabilar en esta Iberia poblada por tribus bárbaras (a lo visto, no todas asentadas en el norte).

24 de mayo de 2005   buzón de alcance