Visualizar otra realidad
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honores y premios | Administraciones publicas
En el mes de diciembre publicaba un artículo en el que expresaba mi sentir sobre las “martingalas” deportivas que han proliferado últimamente por toda la geografía nacional.
Una vez más, cuando hablo de premios otorgados en el mundo del deporte, mi sentir camina en la línea de que el premiador adquiere relevancia gracias al premiado.
El propósito de esta Aguja de Bitácora no es la crítica por la crítica, sino ofrecer una crítica constructiva, lo cual se consigue proporcionando soluciones prácticas o nuevas líneas de pensamiento, aunque algunas veces he optado por invitar a la reflexión deshaciendo argumentos o explicando consecuencias previsibles de algunas actuaciones.
En aquella ocasión me reservaba la crítica positiva para un artículo posterior, aguardando a que se celebrasen, al menos, todas las martingalas de mi entorno inmediato.
Este segundo artículo quedó relegado, cayendo en la carpeta del olvido, hasta que esta semana una charla me ha traído a la mente mi deber autoimpuesto de escribir la parte constructiva, hasta hoy inédita.
Ahora, con las martingalas ya celebradas, me voy a permitir el lujo de exponer mi idea de gala deportiva municipal.
Habría que dotar económicamente los premios de la gala municipal. Algunos ayuntamientos ya becan a sus deportistas más laureados. Mi propuesta es vincular esas becas o bolsas de viaje a la gala deportiva. Al fin y a la postre, una placa que no llega a los 30′00 euros no es un premio al esfuerzo de toda una temporada.
Otra actuación a emprender sería la de reglamentar estas ayudas económicas. Dejar establecidos unos baremos con las herramientas legales de que disponen los ayuntamientos, es decir, mediante ordenanzas.
Crearía tres categorías; la de los deportistas que han adquirido relevancia internacional, la de los que han obtenido éxitos en el ámbito nacional y, por último, los que están consiguiendo resultados a escala autonómica o provincial.
En función de la categoría, el monto económico sería mayor. En realidad, lo que esos chavales están haciendo es llevar el nombre de su municipio o/y ciudad más allá de su ámbito de influencia, y el reconocimiento institucional debe llevar aparejado una ayuda económica [*Transferencias corrientes (capítulo 4) | *A familias e instituciones sin fines de lucro (artículo 48) | *Premios, becas, y pensiones de… (concepto 481), de la Orden de 20 de septiembre de 1989 del Ministerio de Economía y Hacienda -salvo disposición legal en contrario-].
Desde luego que no haría hincapié en los éxitos; es decir, en las medallas y puestos conseguidos. El importe a percibir sería el mismo para todos los jóvenes de la misma categoría. Para exigir resultados ya están las federaciones con su “Programa de Detección de Talentos Deportivos” y el CSD con su Plan ADO. No se debe perder de vista el hecho de que todos son vecinos de quienes les van a premiar.
Y al hilo de los deportistas jóvenes, tengo claro que en esta gala habría que tener muy presente la categoría de veteranos, la cual se ha convertido en una cantera desde la que cada vez más se cosechan éxitos deportivos para el municipio.
Otra actuación, y no exenta de importancia, sería la de decretar la exención de tasas para todos los deportistas que acceden a lo que sería el “Programa de Reconocimiento Deportivo Municipal” durante ese año.
Veo muy triste que en no pocos municipios el renombrado deportista del año debe pagar la tasa correspondiente cada vez que acude al gimnasio municipal.
Y como es lícito soñar en esta Aguja de Bitácora, procuraría que en los ayuntamientos limítrofes, o en los que conformen una mancomunidad (que es una entidad local de ámbito supramunicipal), sean reconocidos todos los deportistas con méritos de cada municipio.
Dicho de otro modo que entenderán los empresarios deportivos, trataría de crear correspondencias entre estos ayuntamientos de forma tal que cualquier deportista reconocido en la gala anual de uno de ellos, mediante la presentación de un carné específico, tuviera acceso gratuito a las instalaciones municipales de todos ellos.
Volviendo al suelo de la realidad, explicaré ahora mi idea sobre la disposición de la gala. En ella se evitará cualquier distinción entre los premiados. En mi opinión no tiene mucho sentido nombrar a uno de ellos deportista del año. Hay municipios pequeños en los que el deportista del año va a ser el deportista de toda la próxima década.
La gala deportiva la encuadraría en un marco festivo de reconocimiento y de homenaje de los representantes municipales hacia los vecinos que se han destacado en algo tan sufrido como es el deporte de competición. Quizá ahora la entrega de una placa, por poco valor económico que tuviera, adquiriría un significado más amplio.
Otros galardones que se acostumbran a dar, como a la trayectoria deportiva, al mejor técnico, al voluntario deportivo (suele ser un árbitro o un directivo de un club), o a la organización o al patrocinador, para mi no tienen mucho sentido.
Estando todo el año ocupándose de que el tejido asociativo deportivo municipal se sienta arropado, estoy convencido de que al directivo, al técnico y al voluntario deportivo no les importará pasar sin premios anuales. El organizador y el patrocinador no entiendo muy bien por qué han de recibir un premio, cuando a buen seguro sus actuaciones no estaban encaminadas a la recepción de ningún honor.
No quiero dejar estos apuntes (aunque algunas cosas sí me guardo) sin mencionar un colectivo que merece todos los respetos y todo el cariño del municipio. Me estoy refiriendo a las “viejas glorias”.
Con el acúmulo de cultura deportiva que tenemos en el país, lamentablemente no serán muchos por municipio los que deberán ser homenajeados. Pero sí es cierto que cuando alguien (un ayuntamiento) se acuerda de nuestros abuelos lo hace puntualmente; es decir, una vez y no más.
¡Qué bonito sería un homenaje anual de reconocimiento deportivo a nuestros mayores! Esas “viejas glorias” que hacían deporte cuando sólo eran cuatro chiflados los que corrían por esas carreteras casi sin vehículos.
Simplemente con la invitación anual a una cena todos nuestros “gloriosos veteranos” serían muy felices, compartiendo mesa y mantel con los nuevos valores y las jóvenes promesas.
Fin del sueño y de la crítica positiva…
6 de mayo de 2005

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