Ya he dicho en otro artículo que no creo en “premios otorgados” para el mundo del deporte. El deporte es lucha y superación, por lo que el premio más gratificante que uno puede llevarse es un premio intrínseco (satisfacción personal, que seguro que se me entiende mejor).
Algunos elegidos, además de la satisfacción personal, se llevan la gloria de la victoria. Y otros, más escogidos aún, se llevan un montón de dinero.
Por lo tanto, no hace falta que venga nadie a dar un premio de reconocimiento a la labor de no-sé-qué-cosas. El reconocimiento ya lo ha obtenido el deportista; primero de sí mismo (que era su única meta cuando se inició), después de su familia, de sus amistades y de la comunidad en la que vive, y por último, y llegado el caso, de una comunidad aún mayor (región, país, federación internacional…).
Sin embargo parece que sigue habiendo gente empeñada en destacarse otorgando premios a los deportistas. Este es el caso de la Asociación de Amigos del Deporte. Pero, ¿qué necesidad real hay de otorgar nada a nadie?
Esta asociación nace con unos objetivos que cualquier persona medianamente cabal debería apoyar (en el deporte, como en todos los gremios, también hay algunos descerebrados), cual son el ensalzamiento de los valores humanos que la práctica deportiva conlleva.
Tras su creación en 1991 tenían una muy buena proyección en la sociedad asturiana realizando labores de formación y concienciación. Estas labores formativas son una tarea sorda, de esas en las que nadie te llama para reconocerte los méritos que te has ganado. Hasta que alguien les dijo en 1993 que se debían institucionalizar unos premios: los premios Delfos del deporte.
Los medios de información deportiva y general secundaron la iniciativa y esto les dio popularidad. Esta popularidad vino seguida del apoyo de las Administraciones Públicas, deseosas de no quedarse atrás en algo que se mueva con visos de triunfar.
Y ahora no hay quien les baje del carro. Cierto que han seguido realizando labores de fomento del deporte limpio (fair play), pero los premios Delfos les ocupan la mayor parte del tiempo y de sus esfuerzos.
Y no hay quien les baje del carro porque, entre otras cosas, no pueden. No van a dejar ahora en la estacada a todos los estamentos institucionales que les han respaldado en estos años.
Pero me da que los tonos se les han subido varias octavas por encima de la cabeza a juzgar por la carta que me ha llegado estos días como dirigente deportivo.
Informan en su escrito de que este año van a realizar una presentación de la convocatoria de los premios Delfos en la comarca en la que vivo, para lo que han pedido el apoyo en los ayuntamientos de la zona. Esto es síntoma de un crecimiento en aras de la popularidad y el autobombo.
Vendrán por nuestra comarca en el mes de abril, cuando los premios Delfos se fallan en setiembre. ¿A qué viene tanto deseo de ser conocidos? Para dar un premio a alguien no hace falta publicitarse.
Pero lo peor ha sido la coletilla final, que transcribo literalmente, con sus negritas y sus mayúsculas tal cual:
Antes del día 19 de abril, se ruega COMUNICAR la ASISTENCIA o la AUSENCIA (Tlfnos. […]).
¡Pero vamos a ver, hombre! Número uno; que confirme ausencia o asistencia significa que sin conocerme de nada pretenden obligarme a algo.
Segundo; encima tengo que llamar a un teléfono, lo cual me va a costar un dinero; podían al menos haber dispuesto un 900, de llamada gratuita.
Esto es ya el colmo. Me mandan una carta que no he pedido, pues no pertenezco a la citada asociación, y se creen con derecho a ser informados de mi decisión.
Pues miren, señores, a través de la presente les comunico que no pienso asistir, entre otras cosas porque tengo que trabajar y no voy a pedir un día de licencia (que me descontarán del sueldo) para estas cosas en las cuales no creo.
Por mi parte, sigan ustedes con la labor que habían iniciado, que era muy loable y ejemplarizante, y déjense de premios y martingalas que lo único que hacen es distraerles a ustedes en pos del reconocimiento que ansían para su organización. Y como no van a premiarse a sí mismos (lo cual sería más que justo habida cuenta de su ímprobo trabajo, del cual doy fe), están ustedes deseosos del mismo reconocimiento social que pretenden otorgar a los demás a través de sus premios.
Y con esto vuelvo al primer punto de mi disertación de hoy [¿me estaré yo también volviendo un pedante con estas palabrejas?]: el reconocimiento a este tipo de labores ha de ser intrínseco.
Y otra cosa; actualicen ustedes su sede web, que lleva ya cinco meses sin conocer una nueva noticia. Lo dicho, los premios estos les ocupan a ustedes la mayor parte de sus esfuerzos. Si hubieran hecho algo más desde la última entrega, su sede web informaría de ello.
Y sí, soy consciente de que diciendo estas cosas alguno dirá que soy rarito; bueno, ahora se diría que soy un “friki”.
18 de abril de 2005
http://www.agujadebitacora.com/2005/04/la-fiebre-de-los-premios/trackback/(coloca el cursor sobre las estrellas que desees otorgarle y pincha)





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(Jean Dolent)















La asociación que comentas afirma que está declara de utilidad pública. O sea, como el agua mineral o las farolas de la calle. Me llama también la atención lo que les comuniques incluso tu AUSENCIA al acto. Genial. Si tienen la misma delicadeza en la concesión de los premios, éstos son capaces de dar el premio a la deportividad a Javi Navarro o a la hinchada del Inter de Milán.