Más que miedo, desazón es lo que me ha entrado tras leer la entrevista que la Agencia EFE ha realizado a Jaime Lissavetzky, Secretario de Estado para el Deporte, con motivo de cumplirse el primer año de su llegada al CSD.

En toda la entrevista, el máximo representante del deporte español solamente tiene palabras para el fútbol. Y es que en este país nuestro, todo lo que no sea fútbol es un deporte minoritario.

Pero puede ser que la entrevista únicamente versara sobre el fútbol. Puede ser también que los periodistas hayan obviado las supuestas otras palabras de Lissavetzky hacia las demás disciplinas.

Sea por uno u otro motivo, sigo presentando mi queja. Tanto si solamente le han preguntado por el fútbol como si sus palabras han sido recortadas, está claro que en la mente de quien ha publicado la entrevista no existen otras prioridades.

La conclusión del primer año como Secretario de Estado para el Deporte bien se merecía un repaso exhaustivo a todo el deporte y sus alrededores.

Pero, una vez más, lo que no sea fútbol no importa. Ahora bien, ya puesto, daré mi visión particular sobre las manifestaciones del Secretario de Estado.

Da la sensación de que el “Indeletreable” Lissavetzky (llevo 18 intentos de escribir su apellido y siempre cometo algún error) sólo está preocupado por los resultados de la selección española de fútbol.

Que estos millonarios en pantaloncitos ganen o no ganen algún título es algo que me ha dejado de preocupar hace ya algunas centurias. De todas formas, parece ser que el señor Secretario de Estado también lo ve improbable y se contentaría con llegar a una semifinal.

Lo que ocurre es que entonces el descontento será aún mayor. Y qué decir si encima pierden la final de consolación (qué maldito nombre para la lucha por el bronce).

Sea como sea, parece ser que el señor Secretario de Estado para el Deporte olvida que la RFEF es la flamante campeona del mundo; sólo que en fútbol sala, lo que parece que no pesa en el ánimo de algunos dirigentes.

Antológica es la frase en la que dice: “porque la Federación es muy importante“. Toma, claro. Pero no acabo yo de ver si lo que quiere decir el “ministrín de deportes” es que la Federación es importante para el fútbol (sería una perogrullada) o lo es para el conjunto de la ciudadanía (sería preocupante).

Debo aplaudir sin embargo el aplomo de sus palabras (ya veremos si ese aplomo se tralada a sus actos) al referirse a las medidas de gracia que se pretenden otorgar desde la RFEF. Si mi paisano Ángel María Villar otorgara medidas de gracia a asuntos que están en los tribunales sería tanto como conceder que el fútbol está al margen de la Ley. En mi artículo anterior mencionaba este sentir de algunos miembros del mundo del fútbol.

Continúo la lectura aplaudiendo las palabras del impronunciable Lissavetzky cuando viene a denunciar el comportamiento pueril de los dirigentes futboleros, aunque tiene que apelar al manido siglo XXI para llamar a la cabalidad a los responsables.

Tal vez sea, señor Lissavetzky, que la legislación actual no permite afrontar el tema del fútbol como a todo el mundo le gustaría. Ya lo vengo exponiendo en mi serie “La punta del iceberg“, que por cierto tengo olvidada justo en su punto medio desde el mes de setiembre.

Pero al final de la entrevista me vuelve a entrar la desazón. El señor Lissavetzky dice textualmente:

“Quiero una Liga fuerte, una Federación fuerte y por supuesto una administración fuerte […]”

Y yo quiero una de calamares y una “San Miguel” (de nada, San Miguel, por la publicidad gratuita).

El Secretario de Estado confunde sus deseos con sus obligaciones. Vamos a ver, hombre. El problema del fútbol es únicamente un problema del fútbol. Su trabajo, señor, es canalizar los asuntos del deporte. El fútbol ha llegado a la mayoría de edad, y deben asumirlo con autosuficiencia. No es posible seguir viviendo en casa de papá y mamá, comiéndose la sopa boba, cuando ello supone una merma de los demás hermanos deportivos.

Su trabajo debería consistir únicamente en velar para que en el mundo del fútbol se respetara la legislación vigente. Todo lo demás es restarle a usted tiempo, dinero y esfuerzos que mejor estarían dedicados al conjunto del deporte español. Pero al igual que sus predecesores en el cargo, se acordará usted de los demás en los próximos Juegos Olímpicos, en la impresentable Pekín.

Y me da que el fútbol base sí agradecería mi propuesta de que el fútbol profesional tuviera que ocuparse de ellos. Con ellos sí debe usted esforzarse, y no con los millonarios en pantaloncitos; pero entiendo que la foto es la foto, y no pesa tanto una con “el Floren” o con “el Joan” como una con Pepe Leches.

22 de abril de 2005    buzón de alcance
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