No me lo puedo creer. Me han robado. No es que no me pueda creer que me hayan robado. Los amigos de lo ajeno están siempre a nuestro alrededor, aunque no lleven una pegatina en la frente informando de su condición.

Lo que no me puedo creer es cómo ha sido. He dejado una camiseta de fútbol americano en el vestuario del polideportivo donde trabajo. Una camiseta regalo de un amigo.

Camisetas de fútbol americano no abundan en la zona en la que vivo, por lo que quien se la ha llevado no la va a poder poner en el pueblo. Todo el mundo por aquí sabe que es mía.

La camiseta es blanca blanca con un número 81 azul marino grande grande por delante y por detrás. Llena de logos de publicidad. Es una camiseta que tiene un valor histórico y sentimental. Sentimental pues es el regalo de un amigo que juega con la selección española de fútbol americano. Histórico pues son las que se emplearon hace muchos años cuando Beefeater patrocinaba la liga española de fútbol americano.

No me lo puedo creer. Ha sido una chiquillada; ha sido un capricho. Es una putada.

Lo que me duele es cómo me la han robado. En EL VESTUARIO DE UN POLIDEPORTIVO (encima en el que yo trabajo).

¿Dónde están los tiempos en los que un vestuario era un lugar sagrado? SA…GRA…DO… [según el Diccionario de la RAE: 4. adj. Digno de veneración y respeto].

En aquellos tiempos todo lo que quedaba en un vestuario estaba más seguro que en la caja fuerte de un banco. Y no sólo las cosas materiales. Todo lo que se veía y se decía en un vestuario tenía ese mismo carácter de sagrado. Nadie contaba por ahí lo que había visto ni lo que había oído en un vestuario. Era éste uno de los valores añadidos del deporte.

Pero hoy en día no es así; lo que queda en un vestuario es pasto de los gilipollas que envilecen un lugar donde uno/a se desnuda y deja allí sus pertenencias.

Ni carteras, ni móviles, ni llaves, ni… camisetas. Nada está seguro en un vestuario de los de hoy en día. Es lamentable, es muy triste.

Más de dos mil quinientos años de cultura deportiva tirados por la borda. Desde los antiquísimos Juegos Olímpicos hasta el “mens sana in corpore sano“. Desde las legiones romanas hasta el siglo XX.

Este nuevo siglo ha traído (posiblemente ya estuvieran aquí antes) una recua de bestias con DNI. Gente que se ha acercado a las instalaciones deportivas y que no sabe que la próxima vez les puede tocar a ellos. Pues con actos como éstos, que obviamente quedan impunes, han roto un acuerdo tácito entre hombres (y mujeres). Han roto lo que es un pacto de caballeros (y de damas, por supuesto); se han cargado lo que supone algo así como un pacto de no-agresión. La próxima vez les pueden robar a ellos.

La intimidad del vestuario ha sido mancillada, y éste ha sido profanado, ultrajado… Bueno, tal vez me estoy pasando. Tal vez solamente haya sido el único gilipollas que hay a mi alrededor el que se ha llevado mi camiseta de fútbol americano. No la va a poder poner, ni cerca de mí ni cerca de nadie, pues todos mis amigos están ya sobre la pista.

Por lo menos, el zoquete hijo de su madre que me la ha robado, si no me la va a devolver, que se la regale a una chica bonita para que la lleve como ropa de cama…

6 de marzo de 2005    buzón de alcance