RESULTA simpático observar la vidorra que se pegan algunos monitores contratados por ayuntamientos y organismos autónomos locales del área de deportes (léase patronatos y fundaciones municipales de deportes).

RESULTA que durante las vacaciones escolares de navidades y de semanasanta estos esforzados trabajadores se toman también unas vacaciones laborales paralelas a las de los niños.

RESULTA que otros monitores, los que somos autónomos, siempre hemos continuado trabajando durante esas “semanas tontas” que suponen las vacaciones escolares durante el curso.

RESULTA que estos monitores tienen asumido que durante las vacaciones escolares los niños y niñas se relajan y no acuden a los entrenamientos.

RESULTA que, tal vez, si los niños tuvieran su entrenamiento semanal acostumbrado, la mayor parte acudirían a los polideportivos a recrearse, que, al fin y a la postre, es a lo que se va a un polideportivo y de lo que trata el deporte base.

RESULTA que si la práctica deportiva de base desempeña una función social en nuestra actual sociedad, el mejor momento para demostrarlo es precisamente cuando los entrenandos disfrutan de sus vacaciones escolares.

RESULTA que durante estas cuatro semanas que consiguen escamotear algunos monitores (tres en navidades y una en semanasanta), los que llevamos tiempo dedicándonos a esto del deporte base, y nos gusta lo que hacemos, las dedicamos a desarrollar aprendizajes especiales con los niños y niñas que siguen acudiendo.

RESULTA que los padres de estos niños y niñas han pagado la cuota mensual completa al ayuntamiento u organismo autónomo local deportivo correspondiente por las clases deportivas de sus hijos para todo el mes.

RESULTA que si el deporte escolar es tratado como una actividad extraescolar (en toda la extensión de la palabra), el periodo vacacional de los cursos deportivos no debe ligarse al calendario docente, entre otras cosas porque se convierte en unas vacaciones laborales para el monitorado no contempladas en el contrato.

RESULTA que otros trabajadores municipales no disfrutan de ese periodo vacacional durante las vacaciones escolares, aunque quizá las necesitarían para poder atender a sus hijos, puesto que los monitores deportivos practican en esas fechas lo que podría tildarse de absentismo laboral.

RESULTA que estos monitores de base se sienten trabajadores municipales cuando reivindican alguna mejora laboral, y solicitan la solidaridad de sus compañeros para que les apoyen en sus escritos y manifestaciones.

RESULTA que están contratados por nueve meses pero, como ya he dicho más arriba, se toman un mes (cuatro semanas) de vacaciones, pero, eso sí, cuando se les entrega el finiquito al final de temporada, allá por el mes de julio, éste se ve felizmente engrosado al computarse las vacaciones que supuestamente no han disfrutado.

RESULTA que el sueldo con el que se retribuye a estos monitores sale del dinero público (aunque da la sensación de que esto del dinero público ha perdido significado para una mayoría ingente; uno que es ingenuo pensaba que una de las pocas cosas sagradas que quedaban era el dinero público, pero por lo visto ya no quedan cosas así).

RESULTA que como no soy nada envidioso no voy a denunciar este hecho ante las autoridades incompetentes, sino que lo pongo en público conocimiento para poder pedir que a mí también se me concedan vacaciones proporcionales a mi jornada laboral durante esas “semanas tontas” que suponen las vacaciones escolares.

29 de marzo de 2005