Estos políticos nuestros o son muy torpes o son muy listos. A veces pienso que tienen capacidad para ser ambas cosas al mismo tiempo…

Van pasando las legislaturas y a medida que se agotan los objetivos que se proponen van buscando otros que cada vez están más allá de la línea que separa la realidad de la utopía. Creen que es necesario encontrar una actuación de relumbrón que justifique la legislatura. [Y sí, he dicho cada vez que se agotan los objetivos, no cada vez que se consiguen].

Pero esto hace que se vaya estirando la goma de los dineros municipales, y tras 25 años de democracia en este país nuestro el sistema municipal está quebrado. No lo digo yo, lo dice el señor Presidente del Gobierno que ha propuesto la reforma de las Administraciones locales. [Sí es cierto que el señor Presidente no ha dicho nunca que el sistema esté quebrado, pero a la propuesta de reforma yo le aplico libremente ese dicho castellano: “a buen entendedor pocas palabras bastan”].

En algunos municipios españoles de menos de 10.000 habitantes ya se han obtenido cargas para el Erario público con actuaciones que están por encima de lo que había previsto la ley para estos pequeños municipios.

Dado que en esta bitácora sólo trato del deporte y “sus alrededores“, me referiré en particular a esta etérea materia siempre en constante evolución. Son muchos los municipios españoles que desde 1992 cuentan con un polideportivo municipal, cuando la Ley 7/85 de Bases de Régimen Local prevé la obligación de contar con instalaciones deportivas públicas en los municipios de más de 20.000 habitantes. En algunos municipios de menos de 6.000 habitantes se cuenta incluso con piscinas públicas que suponen una onerosa carga para las maltrechas arcas municipales.

Si la ley prevé un mínimo de 20.000 habitantes será por algo, no por capricho. Las recaudaciones que hacen los Ayuntamientos a través de impuestos, tasas y precios públicos, y contribuciones especiales tendrá bastante que ver, digo yo. Tal vez sea que con los impuestos de menos de 10.000 habitantes no se puedan mantener los servicios básicos y además de ellos los deportivos.

Está claro que quienes han hecho las leyes son hombres y mujeres de este país, y tengo claro que las leyes pueden ser cambiadas por hombres y mujeres de este país. Incluso la Constitución puede ser modificada. Así pues ha llegado el momento de que alguien cambie las leyes municipales y las actualice.

O se pueden mantener instalaciones deportivas con menos de 20.000 habitantes (en cuyo caso habría que obligar a todos los actores a que existan esas instalaciones en esos municipios), o las Administraciones de ámbito superior que han vendido la moto a los Ayuntamientos que contribuyan a los gastos que su propuesta está generando y que hoy en día supone una carga más para las Haciendas locales.

Pero los alcaldes parecen seres insaciables, y no paran de elongar esa supuesta goma que son los dineros públicos de los Ayuntamientos. Como decía al principio, están traspasando la frontera de lo real y entrando en lo utópico sedientos de demostrar que más equipamientos es sinónimo de mejor gestión. Ya describí en mi artículo “El síndrome del 6 de enero” el destino de muchas de estas instalaciones públicas que se inauguran.

Observo que en los últimos tiempos a algunos alcaldes de esos municipios de menos de 10.000 habitantes les ha dado por pedir un palacio de congresos. ¡Vaya dislate!

Un palacio de congresos aquí, otro allí, y 20 km más allá un tercer palacio de congresos. Porque está claro que si los vecinos del municipio de río arriba tienen un palacio de congresos, los del municipio de la franja costera hemos de tener otro. Eso sí, construidos con dinero público. Porque… no es posible mancomunar una instalación como esa, ¿verdad?

Entra esto del palacio de congresos dentro del terreno de las utopías. Pero con políticos nos las habemos, Sancho (¡huy!, perdón por el atrevimiento de parafrasear a ‘El Quijote’). Si se lo proponen seguro que traen al mundo de las cosas estos palacios de congresos que de momento están en el mundo de las ideas.

Pero vamos a ver, hombre. Seamos más modestos y mucho más prácticos. Como etiqueta de venta (de venta electoral) el nombre es rimbombante y atractivo, eso está claro. Pero, ¿no sería mejor optar a un pabellón multiusos?

Un pabelloncete, que no un palacete, estaría más que bien. Sería cuestión de construir una nave de tipo industrial; las cuatro paredes con los consabidos bloques, y una zona pequeña destinada a albergar una oficina, el cuadro de luces y megafonía, y retretes, con un suelo liso de esos de cemento pulido.

¡Qué casualidad! Igualito, igualito que los pabellones escolares, precisamente esos que la FEMP llama sala pequeña, con unas dimensiones de 44×22. Con la mitad de esta superficie sería suficiente, por lo que los costes serán menores. Sí es cierto que de hacerlo amplio podrán llevar allí la feria anual que se hace en el pueblo, el mercadillo semanal en los días de lluvia, obras de teatro, bailes regionales, etc.

Lo dicho, señores alcaldes, sitúense ustedes a este lado de la realidad y propongan algo más asequible. Un pabellón como el que les invito a construir es mucho más económico y rentable. Piensen que después hay que dotarlo de mobiliario, decoración y etcétera, etcétera. Sueñen ustedes con algo más coqueto y estoy seguro de que encuentran el apoyo de la iniciativa privada, que podrá beneficiarse de los incentivos fiscales que prevea la ley de donaciones o/y la ley de mecenazgo (de incentivos fiscales a la participación privada en actividades de interés general, que queda más “pro”).

Todavía viste mucho eso de poner una placa en la puerta de entrada con la leyenda: “El pueblo de aquí en agradecimiento a las familias tal y tal que donaron la cantidad necesaria para la construcción de este edificio”.

Por cierto, y a raíz del título de este artículo, ¿cuántos alumnos de una Facultad de Ciencias Políticas y Sociología hay ocupando cargos electos municipales?

15 de marzo de 2005

Revisado el 10 de abril de 2005: se añade enlace al documento PDF del borrador de la reforma del gobierno local en la expresión “propuesta de reforma”