Existen tipos que no tienen reparos en utilizar cualquier pretexto con el fin de adquirir notoriedad. Ya no es que sean parásitos del deporte, sino que son capaces de utilizar los grandes desastres de la Humanidad en beneficio propio.
Como no quiero dar ninguna publicidad, puesto que eso es lo que buscan, diré solamente que he tenido noticia de que se va a dar un caso así en estos días.
Un tipo de este corte ha enviado notas de prensa esta semana en las que informa de que ha tenido la feliz idea de organizar un partido a beneficio del sudeste asiático, (que supongo yo que querrá decir que a beneficio de los afectados por el tsunami).
Lo que la nota dice es que su club organiza el referido encuentro deportivo. Cualquiera que lea esto pensará que es una actitud loable y digna de imitar.
Pero conozco al “susodicho” desde hace tiempo, con lo que puedo hablar con conocimiento de causa. Es el paradigma del tipo de personas que trato de describir en este artículo.
En realidad este sinvergüenza no organiza nada y se vale de un desastre de índole mundial para figurar en la prensa, con la pretensión de estar semana y media en candelero. En cierta ocasión él mismo me reconoció la verdadera finalidad de este proceder que ya ha convertido en habitual.
Analicemos.
1) Su deporte no tiene ningún predicamento en su municipio, contándose con los dedos de la mano el público que asiste a los partidos. Incluso si contáramos a los familiares y amigos de los jugadores nos sobrarían dedos en ambas manos. Ergo, el poder de convocatoria que tiene es nulo.
2) Este barbilampiño chaval se dedica a algo así como a la politiquilla local, llegando a figurar en la lista electoral de un partido político de ámbito localista.
3) Ha emprendido un ascenso en la federación territorial correspondiente, y solamente sabe él los métodos utilizados. Pero se ha tomado muy a pecho esto de la escalada administrativa, llegando a sobrepasar a personalidades de su deporte en la comarca. Estas personas de verdadero prestigio en el deporte comarcal huyen de los neones y los flashes. Aprovechando esta ausencia de interés por medrar de los demás, al chaval le han nombrado en la federación con un cargo de medio pelo.
4) Finalmente, y he aquí la falacia, su club no organiza NADA. Simplemente aprovecha el correspondiente partido de liga. Pero la liga es organizada por la federación territorial. Ni siquiera se ha tomado la molestia de coger un teléfono para llamar a otro equipo. Pero, eso sí, él consigue presentarse en la sociedad local como un benefactor. ¡Hay que tener cara!
5) Pero su desfachatez va más allá. Sabedor de que ante un evento con la finalidad que le ha dado al encuentro deportivo las Administraciones no le van a negar nada, hace que Protección Civil y el propio Ayuntamiento estén presentes en el partido de alguna forma. Con esto espera que la prensa local aparezca también por el evento. Y si lo consigue, serán dos veces ya las que aparecerá en los medios de comunicación.
6) Pero no acaba aquí su ansia de protagonismo, por lo que en el transcurso de la semana siguiente tratará que algún cargo social, muy posiblemente el Presidente de la Cruz Roja local, acepte hacerse una foto con él entregándole el dinero recaudado; serán ya tres apariciones en los medios locales.
7) El tipo ha tenido la cara de presentar una fila cero, al igual que hacen los equipos grandes, los equipos con gran poder de convocatoria… Poder que él no tiene. En realidad vende humo. Un humo que hasta los medios de comunicación locales han decidido tragarse dada la finalidad con la que ha conseguido presentar el encuentro.
Venderá algunas entradas a los amigos, y quizá algunas más por mediación de la ondas locales. Tal vez pase de las 20.000 Ptas. (ya saben mis ocasionales que aún no me he acostumbrado a ciertas cantidades en euros, pero será poco más de 120 “eurodólares” lo que saque).
Estoy de acuerdo en que es una ínfima cantidad para lo que el desastre precisa; pero todos se han convencido ya (porque además es cierto) de que aunque un grano no hace granero, ayuda al compañero. Luego se presentará ante la sociedad local como un benefactor desinteresado. Los que conocen a este tipo de personas saben que pueden ser cualquier cosa menos filántropos. Simplemente se mueven en beneficio personal jugando con una doble moral.
Estoy seguro de que con el perfil marcado cualquiera de ustedes conoce gente así. Gente sin escrúpulos que son capaces de aprovechar un desastre mundial en beneficio propio. Si se mueven en una dirección es por lo que les pueda reportar el esfuerzo, aunque eso sí, el esfuerzo siempre será mínimo, como en el caso que nos ocupa.
Y lo mejor es que aparecerá la semana que viene con actitud de modestia, como lamentándose de que la cantidad recaudada no sea mayor (en alguna ocasión ya he dicho que suscribo la lapidaria frase: “la modestia es la virtud de los mediocres”). Y las gentes loarán su altruismo.
Pero la gente es propensa a olvidar que en situaciones como las descritas los verdaderos altruistas no hacen publicidad de sus obras. ¿Nadie se da cuenta de que este montaje está fuera de contexto, está ultradimensionado?
Sanguijuelas del deporte son estos tipos que, al igual que los anélidos, aunque sea cierto que puedan reportar algún beneficio sangrando a un paciente, lo hacen por “engorde personal”, chupando para sí todo lo que el deporte tiene de humanitario.
18 de febrero de 2005
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(Jean Dolent)














