Futuro ficción

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Futuro ficción (…y eso que el futuro siempre es ficción)

Estoy leyendo el Boletín Oficial de las Cortes Generales (BOCG) que se puede encontrar en la dirección propuesta y se me ha ocurrido un ejercicio de política ficción que plasmaré aquí, aunque ello suponga que me censuren la Aguja de Bitácora por dar ideas. Si lo hacen, es que la idea era buena y realizable.

Estoy repasando también el Diario de Sesiones, concretamente el del día en el que se debatieron las Proposiciones de Ley de los Grupos Parlamentarios Catalán y Vasco por las que se presentaba una Modificación de la Ley 10/1990, de 15 de octubre, del Deporte.

He de reconocer que yo estaba equivocado cuando dije en mi artículo La Historia siempre se repite que no se había tenido en cuenta el artículo 149.3 de la Constitución por el que el Estado se reserva competencia exclusiva en “Relaciones internacionales” y que ello era de aplicación al ámbito del deporte.

Leo en el BOCG que incluso existe Sentencia del Tribunal Constitucional (TC) al respecto, y que mi teoría no sale bien parada [Sentencia 165/1994]. Intentaré leerme este texto del TC que a buen seguro es bastante árido.

De momento, me contentaré con lanzar mi ejercicio de futuro ficción sobre el asunto de la participación de las selecciones autonómicas en competiciones internacionales.

Creo que a estas alturas ya a todos nos ha quedado claro que las federaciones autonómicas (y con ellas todas las federaciones, ya sean territoriales, nacionales e internacionales) son entidades privadas. Y que tienen capacidad jurídica para solicitar su inclusión e integrarse en asociaciones de federaciones de un ámbito superior (no olvidemos que una federación es básicamente una asociación de clubes, que también son entidades privadas).

Por lo tanto, las federaciones autonómicas, una vez constituidas, deben solicitar su inclusión en las federaciones nacionales. El hecho de que este sistema sea preexistente a la Ley 10/1990 no modifica la necesidad del requisito comentado.

Ocurre, efectivamente, que todas las federaciones autonómicas ya estaban incluidas en las correspondientes nacionales cuando llegó la Ley del Deporte. Y pocos se han planteado que la inclusión en la nacional es algo voluntario.

Una federación autonómica también puede solicitar su baja como miembro de la asociación en la que se encuentre reconocida; incluso puede solicitar su desadscripción de la federación española… Y ahora llega mi propuesta de ejercicio de imaginación.

Si todas las federaciones autonómicas vascas y catalanas solicitaran su desadscripción a sus correspondientes federaciones españolas…

Si en Galicia el señor Fraga Iribarnegaray perdiera la supremacía que ostenta en favor de otras ideologías menos radicales, como parece ser que está empezando a ocurrir…

Si en otras Autonomías, bien por solidaridad, bien por convencimiento de los postulados defendidos, también se solicitara la baja de algunas de sus federaciones autonómicas en las correspondientes federaciones españolas (se me ocurre pensar que podrían ser las de Baleares, Aragón, País Valenciano, Canarias y Navarra)…

Si este movimiento se diera, y no veo por qué no podría darse, máxime si fuera impulsado por alguien que tuviera especial interés…; me preguntó: ¿qué pasaría?

Serían ocho Autonomías, lo que supone un 47% de las Comunidades Autónomas existentes dejando a un lado para este ejercicio, con todos mis respetos, a las Ciudades Autónomas de Ceuta y Melilla. Este contingente bien pudiera crear una confederación de federaciones autonómicas. Quedarían adscritas a las federaciones españolas las federaciones de 9 Comunidades Autónomas. La más fuerte, económica y deportivamente, Madrid.

En muchas modalidades la solidez deportiva está en las federaciones que en este ejercicio de futuro ficción que se propone se segregarían voluntariamente de sus respectivas federaciones españolas. Bien pudieran organizar un campeonato interautonómico de tanta validez, y a lo mejor de mayor solvencia deportiva, que el que pudieran organizar las federaciones españolas, que contarían con tan sólo una Comunidad Autónoma más que la ficticia confederación.

Y lo más importante. Al no pertenecer ya a la federación española, la federación autonómica podría solicitar su adscripción a una federación de ámbito internacional sin tener que atenerse a los reglamentos de la federación nacional. Incluso podría la virtual confederación solicitar su adscripción a un organismo deportivo internacional.

No veo con qué fuerza moral el Estado intervendría en este asunto que sería propiamente un asunto de entidades privadas. Recordemos que las federaciones internacionales, que son entidades privadas, no reconocen países (estaría bueno), sino a otras federaciones, que también son entidades privadas. ¿Nacionalizaría el Estado las federaciones nacionales y autonómicas al igual que se hizo en su día con alguna empresa que zumbaba? ¿Se dejarían nacionalizar las unas y las otras?

¿A alguien le da miedo pensar en este, hoy por hoy, futuro imaginario…?

9 de febrero de 2005

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Alerta Roja

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Son las tres de la madrugada y estoy terminando de hacer mis cosas en el ordenador cuando oigo por la radio que un joven ha fallecido en Valencia víctima de la descarga de un rayo cuando jugaba al fútbol.

Busco la noticia y la encuentro en la Agencia EFE. Allí se amplía los datos y se informa de que la Comunidad Valenciana se encontraba en alerta pues se esperaban tormentas.

¿Cuántas veces hemos oído que nuestra localidad está dentro del radio en el que Protección Civil decreta una alerta roja? ¿Cuántas veces nos hemos parado a pensar que la vida nos puede ir en ello?

Son muchas las personas que fallecen al año víctimas del rayo (no creo que haga falta dar datos, por lo que no los voy a buscar en la ReD). Son varias las personas que mueren al ser alcanzados por el rayo cuando practicaban deporte al aire libre. Mayormente fútbol y golf, pero también muchas otras modalidades deportivas son testigos silentes de estos fatales desenlaces. Y cuyas asociaciones guardan los datos tal vez por temor a perder adeptos.

Creo que somos legión los que no nos tomamos en serio la posibilidad de ser alcanzados por un rayo. Siempre les pasa a otros.

Y creo que tampoco las Administraciones se toman este asunto muy en serio. Se alquilan las instalaciones públicas cuando se prevén condiciones climáticas adversas. Cierto es que no es una máquina quien facilita el acceso a la cancha o al campo de fútbol. Pero la persona que nos entrega la llave no tiene fuerza moral para prohibirnos el acceso a la instalación solamente porque se espere un tiempo tormentoso. No tiene instrucciones al respecto, y a buen seguro que será el propio deportista quien le reproche su excesiva cautela.

A veces es cuestión de auténtica mala suerte. La primera descarga que se produce, y sin previo aviso, alcanza a un ser humano.

Pero no deberíamos confiar nuestra vida al albur. Me gustaría utilizar este espacio para evitar más muertes innecesarias debidas al rayo y a nuestra despreocupación por este tema. Ojalá alguna instancia se tome en serio esta advertencia y dedique algunos euros a editar una información sobre el particular.

Por nuestra parte, siempre que exista tormenta eléctrica o se prevea que pueda llegar a la zona en la que nos encontremos, nuestros deportistas no jugarán al flagfootball al aire libre.

8 de febrero de 2005

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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