El complejo de salmón

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Comentando en cierta ocasión con un amigo que a veces me sentía como si todo el mundo fuera en dirección contraria a lo que pienso, con el añadido del convencimiento de que soy yo el que tiene razón, me dijo que eso se llamaba “complejo de salmón”. Supongo que ustedes han notado esa sensación alguna vez (o eso espero, si no volvería a sentir ese complejo de salmón…).

Me quedé pensando en la definición y, dejando aparte el hecho de que si alguien se había tomado la molestia de dar nombre a ese sentir significaba que había más personas en mi situación, no me agradó eso del salmón para nada. Le dije entonces a mi amigo que creía que el motivo de mis sensaciones era debido a repensar, lo que implicaría que ese “complejo” en realidad era algo positivo.

Implica −le dije− que he llegado donde otros no llegan simplemente por pararme a reflexionar sobre el asunto en cuestión.

Esta semana me ha pasado algo que me ha recordado el “complejo de salmón”. O la capacidad de pensar más allá de lo que sería evidente para la mayoría de las personas que no se toman la molestia de dedicarle unos minutos a temas nimios.

Resulta que de alguna manera represento en mi región al deporte del flagfootball, y como consecuencia de ello tengo en depósito bastante material deportivo que nos ha facilitado la federación. Sí, soy uno de esos que tienen varios metros cuadrados de su casa ocupados como almacén de su hobby.

Sea como fuere, el caso es que puedo disponer de una buena cantidad de balones nuevos, pero me he estado llevando todo el invierno al entrenamiento infantil los balones más viejos.

Especialmente uno de ellos. El dibujo de la pelota está tan desgastado que dificulta su recepción cuando te lo pasan, y la zona de agarre está también redondeada, haciendo penoso su agarre para lanzarla con fuerza y precisión.

Este lunes los niños, cansados ya de lidiar con estos balones incómodos, me reprocharon que siendo el Delegado de AEFA y teniendo en casa para elegir entre muchos balones nuevos, llevara a nuestro entrenamiento los peores.

Y el caso es que no lo he estado haciendo por modestia; ya saben mis ocasionales lectores como pienso de la modestia, y aprovecho una vez más para dejar aquí la frase lapidaria que tanto me gusta: “la modestia es la virtud de los mediocres”. No, por modestia no ha sido, y menos aún por racanería.

Ha sido un acto repensado. Quizá otros hubieran llevado balones nuevos a sus pupilos, intentando mantenerles contentos. Yo he llevado los peores balones que tenía a mi disposición. De hecho hubo monitores el año pasado que protestaron cuando se les entregaba uno de estos balones desgastados.

El resultado de entrenar con estos balones que nadie quería es que ahora mi equipo es capaz de agarrar y lanzar todo tipo de balones. Se han acostumbrado a recibir balones casi lisos, y a lanzar balones con escaso punto de agarre. Ahora, cuando cogen un balón nuevo como los que usamos en competición, tienen mucha más seguridad. Se les queda literalmente pegado a las manos.

Les expliqué esto a mis jugadores, y les avancé que el siguiente paso que daré será llevar al entrenamiento el balón más desgastado que tengamos impregnado en vaselina.

Creo que tras la explicación mis niños me quieren más.

25 de febrero de 2005

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Errar no es de dioses

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El entrenador-dios ha vuelto a cometer un error. Uno de esos errores que si fueran cometidos por un entrenador-aprendiz sería imperdonable hasta el punto de implicar su destitución. Pero al entrenador-dios todo le está permitido. Incluso jugar con la vida de los niños. Por eso ha puesto una portería de fútbol sala en el centro de la cancha, sin anclaje alguno.

La Unión Europea (hoy más de moda con esa infumable constitución que hemos aprobado entre todos, los que fueron y los que no fueron a votar) incapaz de resolver en aspectos poco importantes para la Economía, ha recomendado, aunque sin efecto vinculante, la extinción de equipamientos deportivos móviles.

La recomendación de los supersabios europeos está basada en los muchos muertos y muchísimos heridos que se han producido en los últimos años al desprenderse, sobre todo, canastas y porterías que no estaban ancladas a una superficie fija como el suelo o la pared.

A pesar de las recomendaciones europeas; a pesar del conocimiento que el entrenador-dios tiene de los fatídicos desenlaces que se han ocasionado; y a pesar de que las porterías tienen adosado en un poste un aviso advirtiendo de que ese equipamiento debe anclarse al suelo con el sistema que se le ha fijado en la fábrica, el entrenador-dios preferirá jugársela y colocar una portería en el centro de la cancha (donde no es posible fijarla) y jugar con los niños en esa portería.

Pero…, yo veo un pero; y es que los niños no tendrán la culpa el día que la suerte deje de sonreír al entrenador-dios.

Las porterías pueden volcar, y de hecho lo hacen. Que no lo hagan todos los días no significa que no vuelquen. Que a uno nunca se le haya volcado una portería no significa que nunca se le vaya a volcar a uno. Posiblemente al último niño que murió tampoco nunca antes se le había volcado una portería encima.

En España, desde 1995 hasta 2004, habían muerto 11 niños por desprendimientos o volcado de porterías. A esta cifra hay que añadirle los adultos muertos por el mismo motivo (creo que son más o menos la mitad de los niños muertos).

El último del que, por desgracia, he tenido noticia era un niño de 10 años de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), que fallecía el lunes 22 de marzo del año pasado (2004). A las 19:45 se dio aviso a los servicios de emergencia. Cuando llegaron encontraron al niño aún con vida, pero falleció en el Hospital Virgen del Camino de la ciudad sanluqueña.

A ver si ahora, con datos fehacientes, tomamos conciencia del problema.

¿Quieren ustedes más datos? Pues ahí van: en 1994 moría una niña de 8 años en Navarra. En 1995 moría un chico de 9 años en Barcelona y otro de 12 años en Sevilla. En 1997 murió una niña en Córdoba, y en 1998 un niño de 8 años en Coaña (Asturias). En 2001 moría un niño de 11 años en Valladolid y otro joven más en Navarra, además de otro chico en La Rioja. En 2002 moría otro niño en Salamanca, y en 2003 murieron dos más, uno en Gerona y otro en Murcia.

Les podría aportar algún dato anterior, pero para qué más dolor… Aunque sí les diré que la Recomendación de la Unión Europea es la nº 26/93 (en el año 1993). Cuando se hizo la recomendación es porque ya había habido muertos. Desde el año 1993 en que se hizo público este problema aún no hemos aprendido.

Sin embargo, el entrenador-dios debe creer que su manto de infalibilidad acogerá sempiternamente todas sus acciones. A lo mejor está en lo cierto y resulta que por eso es un entrenador-dios. Pero si está equivocado, la desgracia será irreparable.

22 de febrero de 2005

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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Suecia 1912

Cuba 1915

México 1968

Sudáfrica 1995

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