Errar no es de dioses
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prevencion
El entrenador-dios ha vuelto a cometer un error. Uno de esos errores que si fueran cometidos por un entrenador-aprendiz sería imperdonable hasta el punto de implicar su destitución. Pero al entrenador-dios todo le está permitido. Incluso jugar con la vida de los niños. Por eso ha puesto una portería de fútbol sala en el centro de la cancha, sin anclaje alguno.
La Unión Europea (hoy más de moda con esa infumable constitución que hemos aprobado entre todos, los que fueron y los que no fueron a votar) incapaz de resolver en aspectos poco importantes para la Economía, ha recomendado, aunque sin efecto vinculante, la extinción de equipamientos deportivos móviles.
La recomendación de los supersabios europeos está basada en los muchos muertos y muchísimos heridos que se han producido en los últimos años al desprenderse, sobre todo, canastas y porterías que no estaban ancladas a una superficie fija como el suelo o la pared.
A pesar de las recomendaciones europeas; a pesar del conocimiento que el entrenador-dios tiene de los fatídicos desenlaces que se han ocasionado; y a pesar de que las porterías tienen adosado en un poste un aviso advirtiendo de que ese equipamiento debe anclarse al suelo con el sistema que se le ha fijado en la fábrica, el entrenador-dios preferirá jugársela y colocar una portería en el centro de la cancha (donde no es posible fijarla) y jugar con los niños en esa portería.
Pero…, yo veo un pero; y es que los niños no tendrán la culpa el día que la suerte deje de sonreír al entrenador-dios.
Las porterías pueden volcar, y de hecho lo hacen. Que no lo hagan todos los días no significa que no vuelquen. Que a uno nunca se le haya volcado una portería no significa que nunca se le vaya a volcar a uno. Posiblemente al último niño que murió tampoco nunca antes se le había volcado una portería encima.
En España, desde 1995 hasta 2004, habían muerto 11 niños por desprendimientos o volcado de porterías. A esta cifra hay que añadirle los adultos muertos por el mismo motivo (creo que son más o menos la mitad de los niños muertos).
El último del que, por desgracia, he tenido noticia era un niño de 10 años de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), que fallecía el lunes 22 de marzo del año pasado (2004). A las 19:45 se dio aviso a los servicios de emergencia. Cuando llegaron encontraron al niño aún con vida, pero falleció en el Hospital Virgen del Camino de la ciudad sanluqueña.
A ver si ahora, con datos fehacientes, tomamos conciencia del problema.
¿Quieren ustedes más datos? Pues ahí van: en 1994 moría una niña de 8 años en Navarra. En 1995 moría un chico de 9 años en Barcelona y otro de 12 años en Sevilla. En 1997 murió una niña en Córdoba, y en 1998 un niño de 8 años en Coaña (Asturias). En 2001 moría un niño de 11 años en Valladolid y otro joven más en Navarra, además de otro chico en La Rioja. En 2002 moría otro niño en Salamanca, y en 2003 murieron dos más, uno en Gerona y otro en Murcia.
Les podría aportar algún dato anterior, pero para qué más dolor… Aunque sí les diré que la Recomendación de la Unión Europea es la nº 26/93 (en el año 1993). Cuando se hizo la recomendación es porque ya había habido muertos. Desde el año 1993 en que se hizo público este problema aún no hemos aprendido.
Sin embargo, el entrenador-dios debe creer que su manto de infalibilidad acogerá sempiternamente todas sus acciones. A lo mejor está en lo cierto y resulta que por eso es un entrenador-dios. Pero si está equivocado, la desgracia será irreparable.
22 de febrero de 2005
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