El complejo de salmón
Viernes, 25 de Febrero de 2005 |
la aguja |
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Comentando en cierta ocasión con un amigo que a veces me sentía como si todo el mundo fuera en dirección contraria a lo que pienso, con el añadido del convencimiento de que soy yo el que tiene razón, me dijo que eso se llamaba “complejo de salmón”. Supongo que ustedes han notado esa sensación alguna vez (o eso espero, si no volvería a sentir ese complejo de salmón…).
Me quedé pensando en la definición y, dejando aparte el hecho de que si alguien se había tomado la molestia de dar nombre a ese sentir significaba que había más personas en mi situación, no me agradó eso del salmón para nada. Le dije entonces a mi amigo que creía que el motivo de mis sensaciones era debido a repensar, lo que implicaría que ese “complejo” en realidad era algo positivo.
Implica −le dije− que he llegado donde otros no llegan simplemente por pararme a reflexionar sobre el asunto en cuestión.
Esta semana me ha pasado algo que me ha recordado el “complejo de salmón”. O la capacidad de pensar más allá de lo que sería evidente para la mayoría de las personas que no se toman la molestia de dedicarle unos minutos a temas nimios.
Resulta que de alguna manera represento en mi región al deporte del flagfootball, y como consecuencia de ello tengo en depósito bastante material deportivo que nos ha facilitado la federación. Sí, soy uno de esos que tienen varios metros cuadrados de su casa ocupados como almacén de su hobby.
Sea como fuere, el caso es que puedo disponer de una buena cantidad de balones nuevos, pero me he estado llevando todo el invierno al entrenamiento infantil los balones más viejos.
Especialmente uno de ellos. El dibujo de la pelota está tan desgastado que dificulta su recepción cuando te lo pasan, y la zona de agarre está también redondeada, haciendo penoso su agarre para lanzarla con fuerza y precisión.
Este lunes los niños, cansados ya de lidiar con estos balones incómodos, me reprocharon que siendo el Delegado de AEFA y teniendo en casa para elegir entre muchos balones nuevos, llevara a nuestro entrenamiento los peores.
Y el caso es que no lo he estado haciendo por modestia; ya saben mis ocasionales lectores como pienso de la modestia, y aprovecho una vez más para dejar aquí la frase lapidaria que tanto me gusta: “la modestia es la virtud de los mediocres”. No, por modestia no ha sido, y menos aún por racanería.
Ha sido un acto repensado. Quizá otros hubieran llevado balones nuevos a sus pupilos, intentando mantenerles contentos. Yo he llevado los peores balones que tenía a mi disposición. De hecho hubo monitores el año pasado que protestaron cuando se les entregaba uno de estos balones desgastados.
El resultado de entrenar con estos balones que nadie quería es que ahora mi equipo es capaz de agarrar y lanzar todo tipo de balones. Se han acostumbrado a recibir balones casi lisos, y a lanzar balones con escaso punto de agarre. Ahora, cuando cogen un balón nuevo como los que usamos en competición, tienen mucha más seguridad. Se les queda literalmente pegado a las manos.
Les expliqué esto a mis jugadores, y les avancé que el siguiente paso que daré será llevar al entrenamiento el balón más desgastado que tengamos impregnado en vaselina.
Creo que tras la explicación mis niños me quieren más.
25 de febrero de 2005
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de un descreído del deporte




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Hola Luis,
No sólo me parece correcta tu teoría sino que yo también la llevo aplicando desde hace un tiempo.
En Mariners hacemos exactamente lo mismo. Es más en estos meses que he estado yo de entrenador he lanzado de todo. Desde pelotas de tenis a balones de baloncesto pasando por supuesto por balones de flag y de “football grande” para que se recepcionaran con las dos manos y con una, con lluvia y con viento.
Sobre esto también puedo ponerte un ejemplo de un jugador de la NFL. En cierta ocasión leí una entrevista con Eric Moulds, receptor de los Buffalo Bills, en la que decía que a veces en su tiempo libre mandaba a su mujer que le lanzara balones porque esto le servía para adaptars a balones deflectados o lanzados con poca fuerza…
Saludos
Dani