España ha quedado campeona del mundo de balonmano. ¿O debería decir: España hemos quedado campeones del mundo de balonmano? Bueno, en la radio dicen algo más parecido a lo primero.
El caso es que me temo que ahora nos van a turrar durante una temporada con esta historia del campeonato del mundo. Se están pasando.
¿A mí qué me importa lo que los jugadores cenaron en Túnez tras la victoria, qué ropa llevaban a su llegada al aeropuerto, o si Iñaki Urdangarín lloraba en el palco, y si lo hacía de rabia o de pena? No creo que esto sea información deportiva. A mí me da igual lo que haga Urdangarín. Paso de él tanto como él pasa de mí (al menos yo sé quien es él, mientras que él no sabe ni que existo).
Ahora todo el mundo entiende de balonmano. Todo el mundo en el país está con la selección. Sí claro, ahora que son campeones. De haber quedado sextos, ¿estaría todo el mundo con la selección?
Nadie se ha ocupado del balonmano durante los años y años que se lleva jugando a balonmano en España. Y los periodistas que lo venían haciendo habitualmente ahora son relegados por la marea noticiosa del momento. Ahora son los periodistas de relumbrón los que asumen la relevancia. Eso sí, sin saber qué es la línea de 9 metros.
Seguirán sin saber qué es eso de los 9 metros, y tras la vorágine informativa nadie volverá a ocuparse del balonmano.
¿De dónde han surgido estos hombres que ahora son campeones del mundo? ¿En qué equipos juegan? Resulta que hay una liga profesional de balonmano en España. Y resulta que el mes pasado tenían vida propia, pero nadie sabía que existían.
Algo parecido está pasando con la fórmula-1. Ahora hay un español en el circuito mundial. Y lo está haciendo bien. El chaval es asturiano; así que ahora el diario de más tirada en Asturias dedica un especial a la fórmula-1 cada semana, cuando antes le dedicaba una columna y con motivo de algún gran premio.
¿Qué necesidad tienen la fórmula-1 y el balonmano español del respaldo mediático del momento? Supongo que mucha. Pero, ya que ha sido posible que sin el apoyo de los medios se obtengan triunfos destacados, supongo que no se necesita la saturación informativa que vivimos estos días para seguir obteniendo resultados.
¿Por qué todas las disciplinas deportivas se miran en el espejo del fútbol? ¿Y por qué anhelan el eco y la cobertura que del deporte rey se hace en la prensa?
Hay que aceptar la realidad. En toda su extensión. Veamos; ¿no sería más inteligente aceptar el hecho de que sin los ríos de tinta en los que se sumerge el fútbol se han conseguido éxitos? Pues indaguen en esa vía.
No entiendo por qué la gente no es capaz de imaginar nuevas realidades. Los medios de comunicación son importantes, y tal vez sean muy importantes para la realización de ciertas metas. Pero existen otras opciones para alcanzar el éxito. El balonmano acaba de demostrarlo.
La marea incontrolada de información que nos espera durante dos o tres días no puede obnubilar a los dirigentes balonmanistas (a dios gracias que quien ha ganado es un deporte minoritario, porque si hubiera ganado el campeonato mundial la selección de fútbol esa marea duraría dos o tres meses, más pareciendo uno de esos tristemente célebres tsunamis que una marea).
Dentro de un mes el asunto del balonmano quedará olvidado; será el momento de preguntarse de qué ha valido toda la incontinente verborrea de los periodistas. ¿Cuántas nuevas fichas de balonmano se han conseguido?
Mi queja no es por la cobertura que se está dando al campeonato conseguido, sino al exceso de paja informativa y poco grano. También me quejo de la desasistencia mediática que sufrimos los que practicamos deportes minoritarios. Pero ya que conseguimos éxitos, es el momento de preguntarse si es imprescindible esta prensa rosa deportiva.
7 de febrero de 2005
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(Jean Dolent)














