Pequeñas estrellas, grandes vanidades
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los medias | deporte base
“El que crea una estrella crea un monstruo”
Laurence Olivier
Los caballeros de cierta Orden medieval tenían, o tienen, un lema enigmático que reza: “Como es arriba así es abajo”. A esta frase cabalística le he dado una interpretación personal en numerosas ocasiones.
El significado de la frase se atribuye (al formar parte de una serie de enigmas no está tan claro el motivo de su acuñación) a algo que aparece en los cielos y que tiene reflejo en la Tierra. En cualquier caso el lema es una de esas frases lapidarias que pueden aplicarse a diferentes circunstancias vividas.
Me complazco en aplicarla a esas situaciones en las que alguien, sea persona o grupo de personas, copia lo que ve en una esfera de actuación superior y lo traslada a su esfera de actuación particular. Por lo general se realiza el plagio sin recapacitar sobre los efectos secundarios que puedan originarse.
En no pocas ocasiones el hecho de calcar un planteamiento que se da “arriba” tiene unas repercusiones “abajo” sobre terceras personas que no son tenidas en cuenta. Esto ocurre porque los condicionantes que propiciaron el acto a imitar en la esfera superior no existen en la esfera inferior.
Ya hablé sobre este hecho de la imitación indiscriminada en mi artículo sobre los patrocinios en el ámbito local. En esta ocasión daré mi opinión sobre los medios de comunicación locales y su dedicación al deporte base.
Decía dos párrafos más arriba que algunas acciones copiadas tienen repercusiones sociales; obviamente me estoy refiriendo a repercusiones negativas. Una repercusión positiva sería tildada de efecto benéfico. Pero usaré la locución “efectos colaterales” por parecerme una feliz manera de designar lo que acontece sin estar previsto, al margen de la finalidad perseguida.
Así pues, mantengo que el proceder de no pocos medios de comunicación locales, en sus secciones deportivas, generan unos efectos colaterales negativos sobre los niños que son objeto de su seguimiento.
Enmarcar y reseñar que un jovencísimo valor ha obtenido un éxito deportivo relativo no tiene mucho sentido cuando el éxito se mantiene en el ámbito local. Su continua repetición sí genera un efecto minador de la personalidad del alevín o infantil; y en algunos casos esa dedicada atención llega hasta los benjamines.
La popularidad que adquiere el muchachito en cuestión al ver sus gestas agrandadas en la prensa local una semana tras otra acabará dándole una perspectiva de superioridad sobre sus compañeros que está lejos de ser real. Lamento usar únicamente el masculino, pero es que ese seguimiento recalcitrante se da casi únicamente en chicos y que practican fútbol.
Como vengo diciendo, se copia el despliegue informativo con el que nos bombardean las cadenas y diarios nacionales sobre los astros del balompié, y se lleva tal cual se percibe a la esfera de actuación del medio en cuestión: local o comarcal en el mejor de los casos.
Se lanza al estrellato local o comarcal a quienes están a su alcance, los niños del deporte base. Esta fama es muchas veces mal asumida por personas adultas; en niños y niñas el efecto ha de ser necesariamente de mayor magnitud.
Pero esto poco importa a los periodistas locales, que carentes de información deportiva en nuestros pueblos deben cubrir a veces dos páginas o dos horas en la sección de deportes para justificar su puesto de trabajo.
Se realiza una entrevista radiofónica a Pepito, de 10 años, por ser el máximo goleador; se coloca en un lugar preferencial un primer plano de Juanito, de 9 años, que ayer hizo un “hat-trick” contra el colegio del pueblo vecino; se confeccionan estadísticas sobre el portero menos goleado y resulta ser Pablito, de 11 años, que lleva tres partidos sin encajar un gol…
El niño percibe este exceso de atención y reacciona en consecuencia. En el mejor de los casos el niño padecerá estrés pre-competición (duerme mal, empeora su humor, se muestra tenso en situaciones normales, quizá aparezca algún tic…). Todo esto se viene a manifestar el día antes del partido y desaparece tras el encuentro. A mí me parece que el niño, gane o no gane, no está disfrutando.
Y es que estas cosas de la salud mental no son tenidas en cuenta y son tomadas a título anecdótico hasta que se implantan en nuestra vida y nos llevan al psicólogo o/y al centro de día. Pero esta situación puede ser atajada a tiempo en los adultos, que sabemos interpretar lo que nos está pasando; en los niños, en permanente formación de su personalidad, no es fácilmente detectable una alteración de la misma.
Eso sí, una baja en el rendimiento escolar, una egolatría superlativa, una sobrevaloración de las propias capacidades, o un despotismo con sus compañeros, son cosas que preocuparían a cualquier padre.
Copiar el sistema informativo sin reparar en las diferencias es peligroso. Pero algunos valientes van más allá, imbuidos de un éxito… local. He conocido a cierto zoquete radiofónico que preparó (y aún debe seguir) una especie de “carrusel deportivo” local, conectando en directo vía móvil con los diferentes campos de fútbol donde jugaban los equipos de su cobertura “radio-afónica”. Y el tipo caminaba muy ufano por las calles del pueblo creyendo que lo hacía bien.
Estudios periodísticos no tiene, pero eso le es igual, puesto que ha reconocido en antena no tener ninguna titulación deportiva y haber llevado un equipo de fútbol sala benjamín. Incluso se permitió el lujo de aseverar que “no hace ninguna falta” tener la titulación. Lo más triste es que este caso no es único.
Pero también existen profesionales conocedores de la maquinaria que manejan y que sí tienen escrúpulos; conozco un periodista que sólo presta su atención profesional al prospecto que ha demostrado una progresión constante en las categorías de base y que mantiene una proyección en alza.
Nosotros llevamos en nuestra región un deporte colectivo en el que algunos jugadores también destacan en lo particular: el flagfootball. En consonancia con nuestro planteamiento ya expuesto, en nuestras comunicaciones públicas no hablamos de individualidades sino del trabajo del colectivo, del equipo.
Consideramos que la edad en la que se pueden empezar a destacar los éxitos personales de los deportistas está también ligada al momento en el que estos jóvenes valores dejan la fase de juego para introducirse en la fase de entrenamiento físico y tecnificación.
Pero a buen seguro estos gurúes locales de la prensa y la radio no prestarán atención a nuestra demanda. Habrá que seguir dejando que creen esas estrellas a las que se refería Sir Laurence Olivier.
14 de enero de 2005
(coloca el cursor sobre las estrellas que desees otorgarle y pincha)






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