Los dos deportes a los que he dedicado más tiempo son de origen americano; aunque para ser más exactos debería decir norteamericano, aunque esto tampoco sería estrictamente cierto, pues Norteamérica la conforman tres países. Debería decir que ambos deportes son de origen estadounidense, aunque a esta palabra no le acabo de encontrar un significado.

Y precisamente hoy quiero hablar de eso, de palabras, de la forma de hablar que se está instalando en el deporte.

Pudiera parecer yo algo puntilloso, pero no soy único. Somos legión las personas preocupadas por el fenómeno de la invasión consentida de vocablos extranjeros (barbarismos) que no aportan nada nuevo. Otros más drásticos quizá hablarían de ‘colonización lingüística’ cuyos aliados son los medios de comunicación. En numerosas ocasiones los locutores son los promotores de la introducción forzada de palabras al pretender adornarse encontrando un sinónimo feliz.

En no pocas ocasiones consiguen encontrar un significante que triunfa, que cala en el público, bien por su significado bien por su sonoridad. No en vano son profesionales de la palabra. Pero puesto que el idioma es su herramienta de trabajo deberían cuidarlo más. Quizá sin pretenderlo se convierten en culpables, o mejor en responsables, de la introducción de barbarismos inútiles.

¿Que cuáles son esos barbarismos inútiles que en nada enriquecen ni a nuestro idioma? Pues aquellos para los que ya existe un significante en este idioma (una palabra o expresión, para que nos entendamos). Daré algunos ejemplos de estos barbarismos que no aportan nada ni al idioma ni al deporte, pero mi lista sería interminable.

En cierta ocasión alguien me informaba de que necesitaban un sponsor para alcanzar no sé qué metas deportivas. “¿Un sponsor?”, pregunté yo; “será un patrocinador“. “Bueno, sí”, me contestaron; “pero es que es más corto decir sponsor que patrocinador“. “Sí”, repliqué; “pero después dirás sponsorización en vez patrocinio“. A regañadientes me confirmaron que así era.

Patrocinador…, ¡qué bonita palabra y qué sonoridad tiene!. Me parece perfecta. Con igual fuerza aparece otra palabra en castellano y que tenemos totalmente olvidada.

En cierto otro momento me lamentaba yo de que no existiera un equivalente para expresar el significado de record. “Pues te equivocas”, me dijo un buen amigo; “existe una palabra preciosa y que a buen seguro conoces”. Me paré a pensar y viendo que no daba con ella mi amigo se anticipó: “plusmarca“. Alcé las cejas, abrí los ojos y creo que hasta abrí la boca (y diría que hasta se me movieron las orejas hacia delante), tal fue mi sorpresa.

Había comprendido que detrás de este término se escondía otro igual de atractivo, y hasta un, diría yo, barbarismo (1ª acepción) del barbarismo (5ª acepción). Me explico. Cuando queremos referirnos al deportista que bate una marca le
apelamos “el recordman“, cuando existe en nuestro idioma el vocablo plusmarquista. El rizo lo rizan los que cuando pretenden referirse a una deportista dicen “la recordman“, cuando lo propio sería decir “la recordwoman“.

Bien es verdad que aunque estas dos palabras (plusmarca y plusmarquista) no nos son desconocidas, la RAE no recoge en su RAE “>Diccionario el primer término. ¿A qué esperan nuestros académicos para introducirla?

“Tantas idas y venidas, tantas vueltas y revueltas”…, y no han introducido aún en nuestro diccionario el registro plusmarca. ¿Harán como con “elite“, que al final aceptaron la forma “élite” cuando se extendió esta pronunciación para mí insípida? Creo que tiene más fuerza la pronunciación “elite“, y yo la sigo usando porque están aceptadas ambas. Y lo traigo a colación por ser palabra muy relacionada con el mundo del deporte aunque, eso sí, sea un galicismo.

Si les parece aportaré un par de palabras más, bien cortas ambas. Una tarde me encontraba jugando a voley-playa (de este término me debería ocupar también) con unos amigos y con unos amigos de mis amigos. Tras un lance del juego uno de ellos exclamó: “¡out!”. Miré para él pero nada dije. Proseguimos con el juego, y después de un saque la misma persona anunció: “¡net!”. Creí haber oído “¡red!”, por lo que tampoco dije nada en esta ocasión. Pero poco después el balón volvió a golpear la red tras el saque y el mismo muchacho gritó: “¡net!”.

Me preguntaba si el chico en cuestión sería árbitro o algo así, y que fuera obligado expresarse en inglés en este deporte, por lo que estaría, digamos, practicando. Así es que indagué en el asunto y le interrogué acerca del uso del inglés en este partidillo más que amistoso. Me repuso que “mola más decirlo así”. Ante esta explicación subjetiva nada pude objetar. Al fin y al cabo el gusto de cada uno es muy personal, pero a mí me “mola más” decir fuera y red que no esos otros vocablos que nada significan porque tengo asumidos los míos.

Así y todo, creo que por estos pagos tenemos una cualidad que no sabría si calificarla de positiva o tacharla de negativa. Cuando (a veces por necesidad) surge un nuevo vocablo en un idioma diferente al nuestro lo adaptamos y le damos un significado: “ese significado“. Con esto evitamos tener que construir nuevas palabras que en un principio podrían ser chocantes por su significado al margen del contexto para el que hubieran sido creadas.

Supongo que es una forma de crecimiento del idioma; pero solamente lo aceptaré en el supuesto de que no exista una palabra equivalente en mi lengua. En una ocasión una profesora me dijo que los sinónimos no existen porque la lengua es tan inteligente que no crea una palabra nueva cuando ya existe otra que defina ese concepto. ¿Será que estamos haciendo tonta a la lengua con esto de la globalización del lenguaje?

Estoy convencido de que cada uno de mis potenciales lectores tendrá experiencias parecidas a las mías, o tal vez más sangrantes, si se me permite la expresión. Si alguien está interesado en este tema puede visitar los dos siguientes enlaces propuestos a continuación.

El periodista uruguayo Ricardo Soca es el editor de El Castellano (sección Deportes), sitio web que se hace desde el 23 de abril de 1996 también con el nombre de “La Página del Idioma Español”. Su sección de deportes fue puesta en marcha y coordinada por Jesús Castañón Rodríguez desde julio de 1997 hasta la actualidad. Jesús Castañón es la persona que crea y dirige Idioma y Deporte en 1999, de forma totalmente independiente de la página anterior.

Proporcionaré una herramienta más para aquellos que en un momento dado quisieran despejar sus dudas sobre barbarismos deportivos. Se trata de una herramienta profesional confeccionada por la Agencia EFE para consulta de sus redactores: Vademécum de Español Urgente.

7 de enero de 2005