Hoy en día gana el que mejores médicos tiene

Los organismos públicos están destinando una gran cantidad de dinero a la lucha contra el dopaje. Empezando por la Unión Europea, que ha establecido una legislación marco para sus miembros, siguiendo por el COI, bajo cuya instancia se ha fundado la AMA, las federaciones internacionales y nacionales, los organizadores de eventos de relevancia mundial, etcétera.

¿Y para qué? Pues con este artículo intentaré explicar para qué, aunque, como es mi costumbre, también daré otra visión al respecto que despertará en el lector nuevas sensaciones.

Hace tiempo, con motivo de un curso deportivo, el médico de una federación española abogaba a favor del doping. Verdades no faltaban en su razonamiento. Trataré de reproducir fielmente su argumentación.

Mi querido doctor exponía que permitiendo el dopaje en los deportistas se conseguiría una mejor atención médica en la administración de estos fármacos.

El problema del dopaje, según explicaba, eran sus secuelas y sus efectos secundarios. Con la legalización de estos medicamentos (legalización en el mundo del deporte, pues la gran mayoría de estos productos se crearon para beneficio de personas enfermas) nadie tendría que doparse a escondidas, desconociendo la calidad del producto, su estado de conservación, su posología, y sin información sobre sus efectos colaterales.

Al quedar la administración de los fármacos en manos de un equipo médico no se pondría en juego la salud de los atletas. Además, todos los deportistas estarían en igualdad de condiciones.

A mi juicio daba razones de peso. Pero nos quedaba a todos un raro regusto a podrido al pensar en esta hipotética situación. Obviamente, el doctor lo que nos estaba proponiendo era un ejercicio mental, y obtenía su gratificación al ver la controversia que había generado y el debate que se producía seguidamente.

Hace unas fechas leí un artículo que exponía las conclusiones que hizo llegar al Senado norteamericano la Agencia Antidopaje de ese país. Conclusiones escalofriantes, a mi entender. Lo mejor es que ustedes lo lean para sacar conclusiones propias.

Como podemos comprobar, existen terceras personas que se ven impelidos al consumo de drogas deportivas. Personas sin capacidad para juzgar por sí mismos lo que es mejor para su salud. Si esto es lo que se ha averiguado en los USA, cuánto habrá por ahí que no se sepa, y en países donde no existe control alguno.

Ahora sí que podríamos exponer en la tertulia generada por mi amigo el doctor la conveniencia de luchar contra el dopaje. Si esto ocurre cuando se está luchando contra el dopaje en el deporte desde todos los frentes, no quiero ni pensar lo que pasaría si hubiera permisividad con este asunto.

Por otro lado me parece que si se permitiera el uso de fármacos para mejorar el rendimiento deportivo la escalada que se produciría en la investigación de este tipo de sustancias terminaría por aconsejar una nueva censura en un nivel superior de consumo o/y de “eficacia” del producto.

Además de todo lo expuesto sobre el rendimiento deportivo, vemos que estos productos son consumidos igualmente por estética o por aceptación personal.

Pero, ¿son estos los únicos fines a los que se dedica el doping? No; obviamente no. Si se considera que un deportista que se dopa es un tramposo, ¿por qué no se considera tramposo al que utiliza el dopaje para aumentar su puntuación en un examen?

Evidentemente no se van a establecer controles antidopaje en todos los exámenes, aunque sabemos que existen drogas para aumentar la capacidad de concentración y la memoria.

Me estoy refiriendo a esas personas que deben superar un examen de condición física para optar a un puesto de trabajo en una Administración Pública. Pruebas que, además de ser eliminatorias, incrementan la puntuación final. Me estoy refiriendo a las pruebas de Guardia Civil, Policía Local, Policía Nacional, Bomberos, Socorristas, Vigilantes, Guardas, INEF…

¿Nadie se ha dado cuenta de que es posible doparse “legalmente”? La eritropoyetina no es un producto ilegal. Es ilegal su consumo para aumentar el rendimiento deportivo. Pero la utilización de fármacos para superar estas pruebas es legal puesto que no está prohibida. Existe, además, la posibilidad de tomar todos “esos otros productos ilegales”, puesto que no hay controles.

Si se trata de unas pruebas físicas organizadas por cualquier Administración deberían realizarse pruebas antidopaje a los que las han superado o hayan obtenido las plazas en litigio. Y castigar al que hace trampas igual que se castiga al que es sorprendido con una chuleta: con su exclusión de la prueba.

Duden mis lectores de que las personas que optan a un puesto de trabajo de por vida pongan reparos a ingerir medicamentos que aumenten su rendimiento físico. Si es trampa hacerlo para obtener un título deportivo debe considerarse igualmente trampa el hacerlo para un puesto de trabajo público.

Sobre el dopaje deportivo quiero añadir que propugno la tolerancia cero, igual que se está haciendo con el alcohol para la conducción. Propongo sanciones ejemplares, de forma que se desanime a quien se dope.

Propongo que un positivo en un control antidopaje debería suponer la imposibilidad de competir de por vida en ningún deporte federado de cualquier categoría, por mínima que esta pueda ser. Ni en ligas de barrio si existe una federación que se hace cargo de la misma. Eso sí, deberá acreditarse el positivo de forma inequívoca por parte de los laboratorios.

Además, el infractor se vería desposeído de todos sus títulos conseguidos hasta entonces, y de todas sus marcas, conseguidas en cualquier deporte. Un borrado total de sus registros deportivos.

Si esto fuera así, ¿para qué doparse entonces?; ¿qué ventajas podría tener el hacerlo? Bueno, supongo que sería complicado hacer devolver a nadie las compensaciones económicas obtenidas. Pero sí se podría concienciar a los patrocinadores de incluir una claúsula en el contrato de patrocinio bajo la cual el deportista, caso de ser un tramposo, debiera reintegrar sus emolumentos.

Por último, pido que los controles sean llevados a todas las modalidades deportivas, incluídos los deportes de equipo. Y dejar de centrarse solamente en disciplinas cíclicas y rítmicas: atletismo, ciclismo y piragüismo han sido las más duramente controladas hasta ahora.

21 de diciembre de 2004  buzón de alcance