Mercenarios en el deporte
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deporte de elite | federaciones
Traigo hoy aquí un asunto serio. Serio por tratar un tema que linda con la xenofobia y con el racismo. Hay que diferenciar ambos conceptos que no siempre son sinónimos, y lo mejor es una visita al diccionario de la RAE.
Si yo dijera que la xenofobia y el racismo son exacerbaciones de un sistema de protección de lo autóctono, a buen seguro que alguien me caerá encima con no sé qué diatriba sobre la Humanidad, el concepto “ciudadano del mundo” y la diversidad de culturas. Así pues, me apresto a matizar que cualquier forma de xenofobia radical es peligrosa para la sociedad que acoja este extremismo.
Y en esa línea argumentativa es que basaré mi exposición sobre los nuevos españoles, esos deportistas de elite que están llegando a nuestro país y prometen y consiguen que la vieja Piel de Toro prospere en los medalleros.
Antes de entrar en materia, y a modo de aperitivo, propongo la lectura de dos artículos acerca de este controvertido asunto.
El primero es un editorial del diario El País titulado ‘Futuro Mestizo’ y publicado el 27 de agosto de 2004.
El segundo artículo es algo más fuerte; quizá más drástico que el anterior en su exposición y razonamiento. Está publicado en la sede web de Kaos y lo podrás leer pinchando aquí. Como comprobarás, comienza haciendo referencia al editorial de El País cuya lectura se propone más arriba.
Ambos citan la xenofilia, como antítesis a la xenofobia. Pero mientras el primero se resigna a lo que considera una evolución inevitable y expone una serie de porcentajes que dicen más bien poco, el segundo entra a criticar la tendencia xenófila que el primer artículo, en su introducción, estima que se dará en materia deportiva.
El segundo artículo es el que realmente ha dado pie a mi reflexión de hoy dado que habla de deporte y de políticas deportivas.
Efectivamente, de un tiempo a esta parte las federaciones olímpicas, y algunas no olímpicas, han iniciado una serie de fichajes de deportistas formados en otros países con el dinero y el esfuerzo de esos otros países.
Lo peor es que han arrastrado con ellas y con este vicio, que comienza a convertirse ya en una escalada preocupante, al CSD y toda su infraestructura organizativa. Parece ser que el COE, con excelente criterio, se mantiene al margen, aunque presiones no les faltan.
Los motivos son obvios. Si la correspondiente federación consigue alguna medalla olímpica o algún campeonato de renombre (Campeonato del mundo, Campeonato de Europa, Juegos del Mediterráneo, Juegos Iberoamericanos o similares) la subvención económica que el Estado otorgará a esa federación se verá aumentada proporcionalmente a la importancia del título obtenido.
Es vergonzoso ver como se ha invertido un dinero que en origen era público para comprar los servicios de un deportista extranjero con el fin de obtener un ingreso mayor en subvenciones del Estado, para después encontrarse conque el deportista ha sido suspendido, y despojado de sus medallas, por dar positivo en el control antidopaje. Es decir, una inversión sin ningún tipo de garantía.
Yo me hago una pregunta. Si un deportista extranjero que ha sido contratado por un club deportivo o una sociedad anónima deportiva para prestar sus servicios en beneficio de esa entidad da un positivo en el control antidopaje, estoy seguro de que en el contrato se ha estipulado que el daño que ocasiona a la entidad deportiva, tanto en imagen como por la privación de los servicios del contratado por sanción federativa, tendrá como contrapartida una sanción económica a cuenta de sus ingresos. ¿Se hace esto con los deportistas contratados para “engrandecer” nuestro pabellón deportivo? Al fin y al cabo los deportistas nativos no son contratados para representar a España.
Todavía está fresca en la memoria la “gesta” del alemán Johann Muelleg, quien tras aumentar el medallero de la federación de deportes de invierno quedó en entredicho, llevando al bochorno público a la federación y al propio Estado a través del CSD. ¿Ha devuelto el dinero público con que le pagó la federación? Pinchando aquí leerá una sonrojante crónica de aquel día en la que el rey español daba saltos de alegría.
Pero la obtención de una mayor subvención estatal con posterioridad y el reconocimiento social de la modalidad en cuestión no es solamente lo que transita por la trastienda de las federaciones.
Detrás de esto nos encontramos con el deseo del presidente de turno de prorrogar su mandato. Por supuesto que no tendrá empacho en exponer que gracias a su gestión, y la contratación de los servicios del mercenario deportivo, la subvención estatal ha crecido.
La lógica de este planteamiento es aplastante…, salvo por la bofetada que les puede dar la cruda realidad. En primer lugar yo, y supongo y espero que conmigo la mayor parte de los aficionados españoles, no siento como propias las medallas de mestizos, negros, rusos y eslavos, como dice el artículo publicado en Kaos. Simplemente no las vivo como las de “los de toda la vida”.
Otra realidad a tener en cuenta, y comentada más arriba, es la falta de escrúpulos que el mercenario deportivo pueda tener, y como consecuencia de ello dar un positivo en los controles antidopaje. Como se demostró en los pasados Juegos Olímpicos de Invierno, la federación española no tuvo ningún control en ningún momento sobre el mercenario deportivo alemán.
Una lectura más para desarrollar es el desvío de fondos que se produce para la contratación del deportista extranjero, y que bien podrían destinarse el fomento del deporte base. Deporte base que es la verdadera razón de existir de esa federación. Por lo que aquí se está cometiendo un atropello, por no tildar esta omisión de algo más grave.
Existen otras visiones del problema que se suscita con la contratación del deportista foráneo, como la usurpación del puesto olímpico que hace a un deportista nacional. Si a las máximas cotas a las que puede aspirar un deportista es a representar a su país en unos Juegos Olímpicos, ¿cuál es la aspiración del deportista olímpico a jornal?
O el falso esplendor que adquiere nuestro país en el medallero internacional. Podríamos llegar a tener campeones mundiales en modalidades que no tengan una implantación real en el país; ¿y para qué?
En resumidas cuentas: no es extrapolable el criterio de una sociedad anónima deportiva en competición internacional a una federación española que busca demostrar lo que no tiene. A las federaciones españolas les corresponde la “detección de talentos deportivos” y no la “adquisición de talentos deportivos”.
Otra meditación más de fondo es, retomando el primer artículo, qué ocurrirá en el deporte español dentro de unos años cuando los hijos de esos mestizos, negros, rusos y eslavos que han nacido en España se incorporen al deporte de competición. Habrán sido formados deportivamente con dinero español. ¿Serán considerados españoles? ¿O serán considerados “oriundos” por sus países de origen? Siendo tan quijotes como somos, seguro que nuestra inversión vuela.
1 de octubre de 2004
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Un saludo desde Budysport, web deporte
Enhorabuena por la iniciativa de esta nueva red social para el deporte. Se habló de este tema en el artículo Redes sociales de esta bitácora. Tal vez te interese.