La Guerra de los Mundos

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del álbum ‘War of the Worlds’ mientras lees el artículo

(c) Jeff Wayne

Soy consciente de que en los últimos artículos estoy cayendo en la tentación de intitularlos tomando a préstamo éxitos del cine o de la literatura. No sé lo que durará esta tendencia…

Lo que me hace coger hoy el teclado son sendos artículos de opinión leídos en la edición en español del People Daily, editado desde la (para nosotros) lejana China.

Hoy seré breve en mi reflexión. La tarea de exposición la realizan los propios artículos.

El posible lector de estas notas introspectivas mías tendrá que disculpar unos pocos “errores” ortográficos que aparecen en los textos propuestos. El esfuerzo de escribir en español para el autor de los artículos o/y la traducción es comparable al esfuerzo que deberíamos hacer nosotros para escribir en chino.

Así pues, es de agradecer que desde allí, quien tiene como lengua materna el idioma más hablado en el planeta (y creo recordar que esto es rigurosamente cierto), se haya dignado estudiar y conocer nuestro idioma.

Permítaseme proponer la lectura del primer texto, titulado: “No es manifestación de una ‘mentalidad de país débil’ aplaudir la conquista de medallas de oro”.

Si el posible lector de estos apuntes míos ha quedado sorprendido por el contexto y el contenido del artículo, adivino que no le supondrá un esfuerzo atreverse con el segundo texto titulado “Reflexión dialéctica sobre Olimpiada de Atenas”.

¿Qué sensaciones le han transmitido los textos? ¿Le han dejado ese cosquilleo de desasosiego? Desde luego es otro mundo; es otra realidad, y nunca mejor dicho, una realidad paralela.

¿A qué atleta occidental, y a qué público occidental, le valdrían estos textos admonitorios?

Solicito una reflexión personal por parte de cada cual. Mi último artículo que he titulado “Carros de Fuego” hablaba de un Oriente Próximo, en contraposición a este otro Lejano Oriente, en el que la religión estaba, a mi juicio, demasiado presente en la vida cotidiana de los civiles. En esta otra parte de Asia está, una vez más a mi juicio, demasiado presente el Estado.

Tras las lecturas de estos días, vistas desde la perspectiva deportiva, me alegro profundamente de vivir en la sociedad en la que vivo, aunque sigo pensando en que puede ser, y debe ser, mejorada.

Espero que quienes vivan en esas otras realidades estén también felices de vivir en la sociedad que les ha tocado vivir. Después de todo, como me dijo en aquella ocasión mi amigo Pando: “la felicidad es conformidad”.

Y espero que esta Guerra de los Mundos, de estos mundos tan dispares, se quede para el campo de… juego, que es un campo de batalla incruento.

5 de setiembre de 2004

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Carros de Fuego

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de Carros de Fuego mientras lees el artículo

(c) Vangelis

Ayer a última hora de la tarde dieron en la radio la noticia de que la UEFA había desestimado una solicitud del Maccabi de Tel Aviv, equipo de la liga israelí que este año se encuentra disputando la Liga de Campeones, para adelantar en un día el partido que les enfrentaría al Bayern de Munich en la primera jornada de la citada competición internacional.

El motivo alegado por el Maccabi era que el 15 de septiembre de este año se celebra una fiesta religiosa en Israel (en realidad la celebra todo el pueblo judío).

El locutor hizo un comentario que me pareció más que acertado. Dijo que la UEFA les había dado a elegir entre la sinagoga y la cancha (o algo así, que últimamente te denuncian por no entrecomillar adecuadamente).

Estuve atento a los partes horarios pero no repitieron la noticia, por lo que en la noche me dispuse a bucear en Internet.

Solamente encontré tres referencias a este hecho, a las que iré ofreciendo enlaces directos más abajo.

El primer sitio en el que investigué en busca de información fue en el de la propia UEFA, pero no aparecía nada. Así es que busqué en los diarios deportivos españoles, encontrando una noticia en el Diario As.

Al comentario que llamó mi atención por la tarde solamente se hacía mención en la última línea. Comencé, pues, una búsqueda más selectiva en la ReD con esas herramientas que todo internauta va adquiriendo en su periplo electrónico.

Localicé una web peruana dedicada al fútbol y a los futbolistas peruanos en el extranjero, en la que se refería el hecho en cuestión mediante una crónica a raíz de la pertenencia de dos futbolistas de aquel país a la disciplina del Bayern.

En vista de la escasa información deportiva, decidí indagar por otra dirección, encontrando una escueta referencia en lo que entiendo que es algo así como el órgano de comunicación de la Embajada de Israel en Argentina.

Tres pequeñas noticias que unidas entre sí me daban ya una perspectiva más amplia de lo que podía estar ocurriendo.

Me faltaba un eslabón para comprender la importancia de la fiesta judía del año nuevo: Rosh Hashaná; eso sería tarea fácil utilizando los buscadores al uso. Pinchando en el enlace propuesto más arriba, en este mismo párrafo, averiguará quien me pueda estar leyendo qué significa esta fiesta en la tradición judía.

Y llega el momento de mi lectura particular de los hechos. Veamos. En primer lugar se desprende de la nota de prensa de la fuente israelí un cierto malestar. ¿Por qué si no se hace mención a este hecho en un país tan alejado físicamente de Europa como es Argentina, calificándolo además de “interés general”?

Por otro lado, no acabo de entender bajo qué criterios geográficos Israel participa en competiciones y festivales europeos.

Podría participar también Marruecos, que al fin y al cabo es limítrofe con España.

O Canadá, que está separado por escasas millas marinas de lo que hasta hace bien poco eran territorios daneses en Groenlandia.

¿Ingresará algún día Israel en la Unión Europea? Avales ahora no le faltan: Eurovisión, UEFA… Posiblemente haya alguna asociación europea más que ampare a representantes del Estado de Israel.

Como todos sabemos, no son motivos geográficos los que han integrado a Israel en las competiciones europeas; han sido motivos políticos. ¿Cómo va a participar Israel en competiciones y festivales internacionales en el mundo árabe?

Por esta razón es de suponer que la integración se haya realizado a instancia de parte y no de oficio por los organismos que han brindado la acogida.

Luego el Estado de Israel debería entender que ha solicitado acogida para participar, en este caso sus deportistas, en una organización que opera en estados laicos, donde la religión no está tan presente como en el mundo árabe y, a lo visto, en el mundo judío. Eso quedó en la Europa medieval.

“La pelota es nuestra; si quieres jugar con nosotros, éstas son nuestras normas”. Así de sencillo es el planteamiento de la UEFA. Además, supongo yo (y que a lo mejor es mucho suponer) que no querrán desde el órgano deportivo verse luego desbordados por lo que puede suponer un precedente invocable.

Que no se sorprenda pues el pueblo judío, y que no se hable de falta de sensibilidad. Que no se rasguen las vestiduras, que así es la sociedad en la que han solicitado jugar: laica; a dios gracias.

Pero la UEFA no es una federación con el significado legal que estos entes tienen en España. Es más bien una empresa. Y que como todas las empresas se rige por los dividendos a final del ejercicio. Siendo pues cuestión de dinero, ¿cuánto tiempo durará el planteamiento asépticamente laico de la empresa multinacional?

Los patrocinadores de la UEFA Champions League son: Amstel, Ford, Mastercard y Sony Playstation (ver reportaje en el UEFA Magazine). ¿A cuánto asciende el capital judío invertido en estas compañías? That is the question.

Se me olvidaba; he titulado este artículo “Carros de Fuego”. Todos los amantes del séptimo arte recordarán este largometraje ganador del Oscar a la mejor película de 1981. Me he impuesto como tarea volver a visionar la cinta.

Para los que desconozcan su temática diré que trata de la preparación de dos atletas británicos con vistas a su participación en los Juegos Olímpicos de 1924 (París). El guión entreteje las aspiraciones deportivas y la vida religiosa de Eric Liddell, hijo de un misionero protestante, y Harold Abrahams, hijo de un judío lituano. “Carros de Fuego” (Chariots of Fire) es un clásico del cine.

3 de setiembre de 2004  buzón de alcance

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Jugando a fútbol español

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Le he dedicado más de 25 años de mi vida a un deporte concreto. Hasta que me cansé de las intrigas federativas y de los mafiosillos que por ellas pululan y que aspiran a ejercer cierta cota de poder controlando todo lo que se mueve en su deporte hasta el punto de asfixiar cualquier iniciativa que se oponga a su idea de gestión, por primitiva que ésta pueda ser, con lo cual se sienten realizados e incluso yo diría que hasta sexualmente satisfechos.

En cierta ocasión oí que para que una democracia se consolide han de pasar cien años. En aquel momento me pareció una aberración, pero hoy considero muy acertado ese juicio. Incluso pienso que en algunos países donde reina la picaresca quizá deberán pasar algunos años más.

Tras 25 años de democracia las gentes aún no estamos preparadas para aceptar las críticas, sean o no sean constructivas. [Ahora que lo pienso, una crítica siempre será constructiva ya que si no lo fuera sería más propio llamarlo “opinión hostil”]. Y aceptar las críticas es un ejercicio democrático. Como lo es saberse defender de ellas hasta con cierto ingenio y no con ataques personales.

Lo que me hace escribir hoy es “mi nuevo deporte”. Hemos formado un grupo de entusiastas que nos dedicamos en nuestro tiempo libre a introducir lo que también es un nuevo deporte en nuestra Comunidad Autónoma. Se trata del fútbol americano, aunque en su especialidad sin contacto del flagfootball, más propia de escolares que de adultos, y con ciertas connotaciones novedosas que han supuesto el recibir una buena acogida por parte del profesorado de Educación Física en colegios e institutos.

El flagfootball también ha tenido buena aceptación en los medios de comunicación comarcales, fruto de lo cual toda la comunidad deportiva en nuestra zona de influencia conoce nuestras andanzas y es sabedora de que un servidor es la cabeza visible de este nuevo movimiento deportivo en Asturias.

He tenido que aceptar varias críticas por ello. Por una parte debido al apellido “americano” que lleva nuestro deporte; por otra debido a su nombre: “fútbol”. Cuando menos curioso, ¿verdad? Y es que las almas encogidas no son capaces de aceptar los cambios de paradigma con “talante democrático”. Mostraré un par de joyas con las que me han obsequiado sendos conocidos.

Resulta que nos cogió el reciente acontecimiento bélico de la Guerra de Iraq en plena campaña de iniciación al flagfootball en los colegios. Había yo bromeado con algunos amigos sobre la posibilidad de cambiar durante esas fechas el nombre de “fútbol americano” por el de “fútbol canadiense”, que al fin y al cabo es una versión diferente del mismo deporte.

Pues no tardó en llegar alguien, llamémosle señor P, a mi lugar de trabajo y descargó sobre mí todo su antiamericanismo. Muy valiente él, sabedor de que debo guardar compostura ya que trabajo para una Administración Pública, se explicó en términos muy claros, calificándome de cosas que él no sabe si son ciertas solamente porque practico fútbol “americano”.

Se da la circunstancia de que este señor P es militar en la reserva, situación laboral sobre la que habíamos departido en cierta ocasión (mucho antes de que soplaran aires bélicos que acabarían involucrando a nuestro país), informándome él, muy ufano, de que en cualquier momento podría ser llamado a defender a la patria, motivo por el cual cobraba una cierta cantidad mensual más que digna.

Pues sucedió que pasados unos veinte días desde que el señor P se había despachado muy a gusto conmigo me lo tropiezo en cierto local público. Y observé que el señor P exhibía una gran pegatina con la inscripción “NO A LA GUERRA”; así, en letras bien gordas.

Me puse como el que no quiere la cosa a charlar sobre la confección de la pegatina, informándome el señor P de algunos detalles muy interesantes. Hasta que le pregunté si el lema de la pegatina se refería a todas las guerras o solamente a la guerra que estaba teniendo lugar en Iraq.

Respondió que solamente a la guerra en curso, pues, muy marcial él, opinaba que algunas guerras son necesarias. Seguidamente le pregunté qué haría si el gobierno le llamaba a defender los intereses de la patria, allí donde el gobierno de turno pensara que estaban esos intereses. Y le pregunté sobre si en caso de negarse a acudir a esta guerra devolvería todo el dinero que ha estado cobrando como miembro de la reserva.

Yo tuve bastante con este desquite, y por lo visto el señor P también. No he vuelto a verle por mi lugar de trabajo desde entonces. Sí debo decir que me crucé con el señor P al día siguiente y observé que aquella gran pegatina había desaparecido de su chaqueta.

Este miércoles, primero de setiembre, cuando me encontraba paseando con parte de mi familia por el renovado parque municipal me topé con uno de los miembros del equipo escolar de flagfootball que he dirigido esta temporada, muchacho alto y fuerte para su edad y al que no había visto durante todo el mes de agosto.

Le pregunté en voz alta por como se encontraba, pues me saludó con una gran sonrisa sin dejar de jugar con sus amigos. Le pregunté también si había visto la foto del equipo que se publicó en un anuario local de mucho renombre y gran raigambre. Como quiera que no la había visto le seguí informando en voz alta, mientras proseguía mi paseo, de la página en la que aparecían todos ellos así como de que estaban retratados con los uniformes de fútbol americano.

Despedirme del muchacho y oír la voz del señor M todo fue uno. El señor M se encontraba repantigado en uno de los bancos del parque con otros amigos suyos a los que yo no conocía. Este señor M estaba diciéndome algo así como que de fútbol americano nada, que había que dejarse de cosas raras.

Sin detener mi paseo le saludé con una mueca de sonrisa y le recordé que este es un país libre y que cada cual podía practicar lo que le viniera en gana. No contento con esta contestación volvió a la carga diciendo que los chavales lo que tenían que practicar era “fútbol español”, lo que fue acogido con algo así como un asentimiento a coro de los allí congregados.

Ya supondrá quien me pueda estar leyendo que no dejé pasar la ocasión. ¿Fútbol español? ¿Y cuál era ese? Pues estaba claro, el que se juega en Europa (¡cómo no habría sido yo capaz de pensarlo por mí mismo!). Ese, señor mío, es fútbol inglés. Y no sé por qué los niños han de practicar fútbol inglés y no fútbol americano. Además, los ingleses nos tienen secuestrado el Peñón. Fin de la conversación y fin del coro de “aplaudidores”.

Este señor M tiene un hijo que juega a “fútbol español” y por el que yo siento gran simpatía. Es un niño muy majo: abierto, alegre, juguetón, que allí donde me ve esboza una pícara sonrisa y me saluda. ¿Qué habrá que decirle al señor M en caso de que su hijo dentro de unos años comenzara a jugar a flagfootball y fuera seleccionado para disputar el Campeonato de Europa de Selecciones? No es descabellada esta afirmación, pues esto ya ha ocurrido aquí en Asturias; tenemos a una chica que es miembro del equipo nacional de flagfootball sub-13.

Quizá al señor M no le guste que su hijo juegue a flagfootball en un futuro y esta circunstancia nunca pueda producirse en la práctica.

De todas formas será interesante intercambiar impresiones dentro de unas semanas con el señor M cuando, si la prensa nos vuelve a dar cobertura, se informe a la opinión pública de que nuestra jugadora internacional acude a su segundo europeo consecutivo. Por supuesto en flagfootball, no en “fútbol español”.

2 de setiembre de 2004

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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