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 La punta del iceberg (2/4) [Europa]

Viernes, 24 de Septiembre de 2004  |   la aguja  |   No hay comentarios
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Continúo hoy con la serie de artículos que dedicaré al deporte profesional. O mejor debería decir a explicar mi concepto del deporte profesional y del deporte espectáculo.

Decía en el anterior artículo de esta serie que el sistema deportivo español, en lo que a deporte profesional se refiere, adolece de un criterio firme y diferenciador del deporte…, le llamaré tradicional por el momento.

Y que sólo se ha copiado del sistema deportivo profesional americano aquello que es patente para cualquier observador ocasional.

Da la sensación de que en el resto de Europa están igual que nosotros. Se formula un planteamiento tímido en lo que a deporte profesional se refiere.

Seguimos anclados en el arcaico sistema federativo con delegación de competencias Administrativas. Pero el deporte profesional no necesita de federaciones que lo regulen; se ordena a sí mismo. Las federaciones del deporte profesional son empresas. Así de claro, así de simple, así de práctico. Y es que los conceptos en organización deportiva avanzan en clave de eurodólar en esta sociedad tan mercantil que hemos creado.

¿O es que alguien duda de que las federaciones internacionales son empresas? Quizá no repartan beneficios entre sus socios. Quizá no coticen en Bolsa. Pero funcionan igual que una empresa. Con los mismos objetivos, con las mismas estrategias de mercado. ¿Y qué pasa? Nada. Porque nada tiene por qué pasar.

Se trata de aceptar un hecho y de no quedarse encallado en la nostalgia de los entes sin ánimo de lucro. Esta es una de las diferencias del deporte profesional en el Viejo Mundo con el que se gestiona en los USA.

Allí las federaciones de los deportistas profesionales son también organismos profesionales, con gestores profesionales, árbitros profesionales, propietarios de los equipos que arriesgan su dinero… De hecho se llaman franquicias; es necesario obtener el consentimiento de la organización de la liga correspondiente y abonar una cantidad astronómica para construir un equipo.

De los 32 equipos de fútbol americano de la NFL tan sólo los Green Bay Packers son una franquicia otorgada a un consorcio. Cada uno de los 31 equipos restantes son propiedad de un solo individuo. Cada propietario decide a quien contrata. A que deportista, a que técnico, a que asesor financiero…

Es otra dimensión, otro concepto. En la Vieja Europa no somos capaces de erradicar algunos prejuicios. Como que las federaciones son entidades sin ánimo de lucro, o como que el mayor accionista no puede tener más de un porcentaje dado de las acciones del equipo.

La visión profesional del deporte lleva aparejados otros conceptos. Por ejemplo, yo diría que se establece una especie de “selección natural” en cuanto a los técnicos. Un entrenador sólo tiene que justificar ante el propietario del equipo, que es la persona que le ha contratado, su capacidad como entrenador. Y no lo hará presentando un diploma que le acredite como entrenador profesional. Lo demostrará con el porcentaje de victorias. No hay titulaciones académicas como las que se pretenden instaurar por nuestras latitudes.

Estoy hablando del deporte profesional. Que nadie se me pierda en este razonamiento. No hablo del deporte escolar o del deporte base. Usted aparece en Las Vegas con un boxeador profesional y nadie le pedirá su título de entrenador nacional, ni el reconocimiento de la categoría del boxeador por parte de la federación europea. Tan sólo que abone la cantidad estipulada por la federación internacional para la licencia de preparador y de boxeador.

Si su chico no gana combates es posible que no le llamen para muchas veladas más. Tampoco le llamaran si, aunque gane, no da espectáculo.

Ganar y dar espectáculo, un binomio que atrae a las masas y a los medios de comunicación. Por eso las federaciones USA, conscientes de ello, modifican año tras año los reglamentos de juego en beneficio del espectáculo.

En Europa se comienzan a dar pasos tímidos en este sentido. ¿Qué es sino el G14? ¿Hacia dónde camina esta asociación de los 14 clubes de fútbol más poderosos de Europa? ¿Cuál es el miedo de la UEFA? Está claro. Instaurarán una competición a imagen de las cuatro grandes ligas americanas. Los medios de transporte hoy en día no son los de los años 60. De Madrid a Munich o de Roma a Liverpool son a lo sumo dos horas y media de vuelo.

En esa futura competición nadie desciende de categoría. Serán 14 equipos galácticos; y cada uno recibirá 13 visitas galácticas anuales. Un factor pospone indefinidamente el lanzamiento de esta superliga. Si el invento falla no hay vuelta atrás. Cada equipo regresaría a su liga nacional de origen en la categoría más inferior. Y aún hay vínculos atávicos que vencer.

La idea es golosa. Pasarían ellos mismos a controlar sus ingresos, sin tener que repartir con un intermediario molesto como es la UEFA, que incluso impone sanciones económicas y no se juega ningún dinero. A cambio de organizar una liga que ellos mismos pueden gestionar. Como decía más arriba, los conceptos han cambiado en una sociedad tan mercantil como la nuestra.

Pero las legislaciones nacionales también son un lastre. Los semi-dueños de los equipos se encuentran con trabas. En nuestro país una persona no puede ser dueña de un equipo. Lo prohíbe el Real Decreto de Sociedades Anónimas Deportivas del que hablé en el artículo anterior.

Cuando uno es dueño al cien por cien toma sus propias decisiones. Para bien y para mal. Se agilizan muchos trámites. Y se evitan unas molestas elecciones. La máscara debe caer en el deporte profesional europeo y liberar al deporte base.

En fin, que cada uno saque sus propias conclusiones. De momento el sistema chirría, como vimos cuando al señor Peterman, máximo accionista del Racing de Santander, la federación española no le dejó sentarse en el banquillo de su propio equipo y dirigirlo. Alegaban que no tenía titulación.

Pero hombre, si el equipo es mío y creo que yo soy el mejor entrenador para mi equipo la decisión me corresponde tomarla a mí, que soy quien arriesga el dinero. Si mi equipo ni gana ni convence, tendré que contratar a otro entrenador que lo haga mejor que yo o perderé dinero de mi bolsillo. En todo caso yo busco lo mejor para mi equipo, que es lo mejor para mi dinero.

Estos jugadores son profesionales, no son niños a los que hay que proteger de un desaprensivo que les mande hacer flexiones y abdominales como si fueran Evander Holyfield. Insisto, esta gente son profesionales, que ganan dinero como para tener su propio entrenador personal. Deberían acudir al entrenamiento solamente a realizar sesiones tácticas. La preparación física que se la traigan de casa trabajada con su entrenador personal. Y si no rinden al banquillo. Y si no juegan cobran menos. Y si no mantienen una forma física (peso, velocidad, resistencia…) pues que sean sancionados. Porque son PROFESIONALES.

Estos son algunos de los frenos de la Vieja Europa. No se puede copiar la punta del iceberg, porque no todos los hielos flotan con esa majestuosidad.

24 de setiembre de 2004



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