Juguetes Rotos
Lunes, 06 de Septiembre de 2004 |
la aguja |
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He copiado para mi artículo el título de una película de Manuel Summers de 1966. Creo que la cinta refleja lo que quiero exponer en el artículo. Como curiosidad hay que decir que la película cuenta con la única aparición como actor de Paulino Uzcúdum, campeón de los pesos pesados.
Ayer domingo se podía leer en La Nueva España, en la sección de Deportes, una entrevista de lo más jugosa. A primera vista quizá pueda parecer una simple entrevista de actualidad deportiva. Pero a mi juicio se puede sacar mucho más partido de ella. La entrevista en cuestión da idea del grado de deformación al que se ha llegado con esta “historia histérica” del fútbol profesional.
Como este periódico tiene por costumbre retirar de su hemeroteca digital los diarios una vez transcurridos tres meses, y como espero alcanzar con mi Aguja de Bitácora deportiva longevidad mayor que ese límite, confío en que no se me disgusten en La Nueva España por haber transcrito la entrevista citada. Hoy ya ha dejado de ser actualidad, por lo que entiendo que no se están usurpando sus funciones informativas al subir a la ReD una copia de las preguntas y las respuestas, citando además la fuente.
Dicho lo cual, obviamente curándome en salud, puede leer el accidental lector de mis cavilaciones la susodicha entrevista pinchando aquí.
Se desprende de las contestaciones un amargor y una resignación tales que tras la lectura a mí me ha quedado un sabor a declaración de haber sido marioneta consentida.
¿Quién le ha mandado a “David” meterse entre “Goliats”? ¿Pero es que nadie se había cubierto las espaldas firmando un acuerdo plurianual que al menos superara el lustro? Algunas fidelidades se pagan igual que las infidelidades.
En fin, a mí, personalmente, me da igual los designios de estos clubes de fútbol pseudo-profesionales. Lo que me preocupa es el desamparo del deporte base.
Cierto que el Ayuntamiento de Oviedo es uno de los ayuntamientos que más euros en subvenciones reparte entre los clubes no profesionales. Pero, ¿es necesario que un ayuntamiento colabore económicamente con el deporte profesional dedicándole un presupuesto que bien podría ser reinvertido en otras necesidades?
A mí me parece que no. Y expongo mis razones. Los concejales con competencias delegadas (y el alcalde, que es otro concejal más) son gestores accidentales de los dineros de todos los ciudadanos. Señores, hay más contribuyentes a los que les trae sin cuidado el fútbol que a los que les ocupa sus horas de vigilia y de sueño.
¿Quieren una prueba? En una ciudad de doscientos mil habitantes acuden al partido de fútbol profesional de la ciudad unas veinte mil almas. Eso es un 10% si todavía sé contar. Luego no son mayoría los que están interesados en el fútbol hasta el punto de acudir semana sí semana no.
Pongamos que otras veinte mil personas no acuden al campo de fútbol por diferentes motivos (lo que es mucho suponer). Pero aún así se llegaría a un 20% de población interesada. Luego no me pueden decir que los aficionados al Oviedo o al Sporting son mayoría en la ciudad. Quizá sí son más numerosos que los que acuden a otras manifestaciones deportivas. Pero de ahí a ser mayoría… Todavía habría que restar el porcentaje considerable de espectadores que acuden a estos partidos de fútbol profesional desde fuera de la ciudad.
Saber cuando hay una mayoría es muy sencillo: la mitad más uno. Cuando en una ciudad de doscientos mil habitantes haya cien mil un ciudadanos asistiendo al fútbol será cuando exista una mayoría interesada.
Ya, ya sé lo que estará pensando quien se resista a la simplicidad de los números. Que sería impensable que la mitad más uno, digamos un 50′01% estuvieran interesados en una actividad concreta.
Pues yo creo que son mayoría, y mayoría aplastante, los que desean que en sus casas haya agua corriente y electricidad; que exista un servicio de recogida de basura y alumbrado público; que se urbanice respetando la legislación vigente dotando de plazas, parques y zonas verdes; que exista una red de transporte público; que existan instalaciones deportivas al alcance de todos…
He leído y releído la legislación de Régimen local y por ningún lado he visto que a ningún ayuntamiento, ni de menos ni de más de veinte mil habitantes, se le den competencias en el mantenimiento de los clubes deportivos profesionales; perdón, de los equipos deportivos profesionales.
En Oviedo ahora, y en Gijón hace unos pocos años, han gastado los responsables municipales el dinero de los ciudadanos. La falacia es que no existen clubes deportivos profesionales, sino sociedades anónimas deportivas; empresas en definitiva. Mucha gente hemos ido al paro cuando han cerrado nuestras empresas, y ningún ayuntamiento ha corrido a pagar las deudas que acabaron quebrando a la empresa.
Es irónico que en el mismo número de ayer de La Nueva España se le dedicara un Editorial al agotamiento del sistema de gestión municipal; en el mismo se reclamaban ayudas para los ayuntamientos, que parecen que están ahogados por las deudas. Es de suponer que ni Oviedo ni Gijón estén abrumados por la deuda municipal, ya que dispendian sus arcas en el deporte profesional, algo ajeno a sus competencias legales. Pues no; resulta que habían asistido a una reunión ad hoc en la Feria de Muestras de Asturias el día 9 de agosto.
Lo lamento por este club histórico dedicado al deporte base, ámbito del que no debió salirse. Ahora no es más que un juguete roto al que nadie quiere. Ni el ayuntamiento, ni la afición hermana, ni su propia afición.
A la persona (o personas) que apuesta (o apuestan) por las elucubraciones de una aventura no le puede valer con hacer acto de contrición y olvidarse; los errores en gestión, sean achacables a uno mismo o a las circunstancias, se pagan con la dimisión.
6 de setiembre de 2004
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de un descreído del deporte




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