Hoy martes estoy escuchando la radio en mi lugar de trabajo cuando informan de que tras dos prórrogas España había perdido contra Alemania en balonmano llegados a la tanda de penaltis, en el partido de cuartos de final de los Juegos Olímpicos (que no Olimpiadas) de Atenas 2004.
El locutor habló de “mala suerte”. Más tarde una locutora repasó la noticia diciendo que España había perdido en la “lotería de los penaltis”.
Por favor, dejemos de culpar a los hados; no es serio. ¿No es un penalti la ejecución de un gesto técnico en el que se exige un 100% de precisión? ¿No recoge el reglamento resolver un partido cuando persista el empate mediante series de lanzamientos de penaltis? Entonces, ¿dónde interviene la suerte?
Si es válido el aforismo de que el penalti no lo para el portero sino que lo falla el lanzador, entonces aquí no cabe la suerte. O lo ejecutas magistralmente o el portero tendrá su oportunidad de atajar el balón.
Si queda claro que no influye la suerte, ¿por qué nuestros jugadores sí fallaron y no fallaron los rivales? ¿No será que en el penalti influyen otros factores más mentales que físicos? ¿No será que la concentración y la convicción juegan un papel importante en las series de penaltis? ¿Se estará descuidando estos aspectos en el entrenamiento de nuestros muchachos?
¿Dirán nuestros rivales del martes que ganaron por suerte gracias a la lotería de los penaltis? Cuando España gana a penaltis (cosa de la que tengo muy escasa memoria) nunca he oído decir tal cosa.
¿No estarán nuestros bienintencionados periodistas condicionando a nuestras generaciones futuras de deportistas? ¿No habrán sido condicionados nuestros deportistas actuales por este tipo de comentarios que a mí me parecen ya seculares?
Mientras una meta no dependa de uno mismo, y dependa de la suerte, como un lanzamiento de moneda, nadie va a esforzarse para alcanzarla exitosamente.
Lo cierto es que palpo que este sentimiento está extendido a mi alrededor. Toda la población está de acuerdo con esa línea de pensamiento. Es como una sensación pandémica que empapa todo el territorio nacional.
Y se utiliza como si fuera una justificación; y ocurre como si los nuestros se abandonaran a su suerte una vez que finaliza la prórroga con igualdad en el marcador. Como si no existiera posibilidad alguna mas que aguardar qué nos depara el destino.
Y el caso es que, como reflexionaba más arriba, no recuerdo muchos casos en que los equipos nacionales hayan superado exitosamente la tanda de penaltis…
Mientras se siga pensando así nunca afrontaremos las series de penaltis con la convicción necesaria para ganarlas. Podrá haber otras fórmulas más… ¿justas? de dirimir un empate, pero de momento hay que considerar este sistema como un lance más del juego que debe ser superado; el partido no acaba al llegar a los penaltis.
Nuestros profesionales de los medios de comunicación deberían pensar que miles de jóvenes, jugadores de categorías de base, están escuchando estas aseveraciones que no dejan de tener un tinte derrotista. Tanto se repiten que acabarán convencidos de que si se llega a los penaltis no hay nada que hacer; se resigna uno, se lanzan, y que sea lo que dios quiera. (De hecho, ya he dicho que parece ser que la población entera acepta este argumento).
Recordemos de qué estábamos hablando. Se estaba disputando el pase a semifinales en unos Juegos Olímpicos (que no Olimpiadas). En estas categorías de elite un penalti no es cuestión de suerte; son profesionales. Medio palmo es la distancia que puede mediar entre que una bola entre o salga rozando el límite. Pero no nos podemos creer que sea cuestión de suerte. Existirá siempre una explicación técnica y/o táctica de por qué la bola traza una trayectoria dada.
No somos “el pupas”; me niego a oír frases como: “siempre nos pasa lo mismo”, “los nervios nos jugaron una mala pasada”, “llegados a los penaltis, la suerte está echada”…, o ésta otra: “por dios que España meta un gol, porque la lotería de los penaltis siempre nos es desfavorable”.
Aguardo con impaciencia el día en que nuestros comentaristas expresen su opinión de una forma similar a ésta:
“Este empate nos es favorable, porque llegados a la tanda de penaltis somos superiores dada nuestra capacidad de concentración y nuestra determinación.”
24 de agosto de 2004
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(Jean Dolent)














