La punta del iceberg (1/4) [España]
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deporte profesional | legislacion
A mi juicio el sistema deportivo español actual precisa de algunos profundos cambios, al menos en lo que a deporte espectáculo se refiere (no debemos confundir deporte espectáculo y deporte de elite, aunque en algunos casos sean análogos).
Esto siempre y cuando el deporte espectáculo deba ser considerado deporte… Aún estoy a la espera de una definición convincente de deporte espectáculo, porque supongo que a quien brinda un espectáculo, al cual hay que pagar para asistir, se le considere un profesional, condición que debería distar del concepto de deportista. Pero esto es cuestión de conceptos.
Si se nos pregunta en España a cualquiera de nosotros en plena calle por deportistas profesionales muy seguramente el primer pensamiento sea para los futbolistas (y no me pregunten por qué pero me parece que serían mayoría los que en segunda instancia pensarían en los golfistas, ese otro gran deporte).
Y es que no es posible en nuestro país pensar en el fútbol sin primero pensar en los futbolistos profesionales (supongo que los medios de comunicación son los responsables de que el ciudadano de a pie tenga esta imagen).
Pues resulta que es al fútbol profesional a quien debemos la reforma que sufrió la ley del deporte de 1980 (la Ley 13/80, General de la Cultura Física y del Deporte). Tan profunda fue la reforma que fue preciso promulgar una nueva ley, la Ley 10/90, del Deporte.
Se había llegado a tal índice de deuda acumulada y conjunta en el fútbol profesional que se hizo inviable que los poderes públicos siguieran mirando para otro lado. Recuerdo que se decía que era preciso “sanear el fútbol”. Y recuerdo que se hablaba de esto como si a todos los ciudadanos nos fuera la vida en ello.
El caso es que las Sociedades Anónimas Deportivas (S.A.D.) venían a poner orden (eso nos dijeron) en la preocupante deuda futbolera. Deuda, hay que decirlo, para con todos los españoles, futboleros o no. Los clubes de fútbol eran deudores, en su conjunto, de una grandísima suma al Estado en diferentes conceptos: Hacienda, retenciones fiscales, Seguridad Social…
Todo un ecosistema …, perdón, quiero decir…, todo un sistema económico, en el que vivían (y del que vivían) personajes y personajillos, como decía aquel cronista deportivo.
[A decir verdad, y ahora que lo pienso…, ¿cómo es posible que alguien, persona física o jurídica, deba varias anualidades a la Hacienda Pública en diferentes conceptos? ¿Me permitirán a mí también el ir postergando los plazos para pagar a Hacienda y a la Seguridad Social? Seguro que me embargan algo.]
Se rumorea en los mentideros del Consejo Superior de Deportes que primero se elaboró un decreto (real decreto :P) imposible de aprobar sin caer en incompatibilidades con la, a la sazón, vigente ley de 1980. Así pues, fue preciso redactar y sancionar previamente una nueva ley del deporte que diera validez al nuevo engendro.
Tan es así, cuentan, que se demoró toda una temporada la aprobación del Real Decreto de Sociedades Anónimas Deportivas al tenerse que guardar todos los plazos establecidos para la aprobación de una ley ordinaria cual es la 10/90.
Hasta el 15 de octubre no se aprobaba la Ley 10/90, del Deporte; la temporada liguera llevaría iniciada mes y medio. Parece que se durmieron, pues ya no había prisa hasta la nueva temporada, para aprobar el Real Decreto de Sociedades Anónimas Deportivas (R.D. 1084/91). A decir verdad el legislador se durmió bastante, pues no lo aprobaron hasta el 5 de julio del año siguiente.
¿Les pasaría como a nuestros estudiantes que no se aplican hasta las vísperas del examen (después de todo algunas costumbres son pandémicas), o serán falsos los rumores que hablan de precipitación?
Lo que sí llama la atención es que cuando una ley se desarrolla (a base de decretos) se hace jerárquicamente. Es decir, primero los contenidos más amplios para después ir pasando a los componentes de segundo orden. Y aquí no fue así.
El real decreto de federaciones deportivas españolas (R.D. 1835/91) no se aprobó hasta el 20 de diciembre de 1991. Curioso, cuando menos, este aspecto, pues las federaciones españolas serían el continente y las sociedades anónimas deportivas vendrían a ser el contenido.
Así es que…, ras…, de la noche a la mañana, y después de 50 años (y algunos más) cambiamos el sistema de clubes por el de sociedades anónimas deportivas para el fútbol profesional, y ya de paso, y tal vez para justificar el esfuerzo (o todos calvos o todos melenudos) metemos en el mismo saco a todo el deporte profesional español…, bueno a todo el deporte profesional que se dispute a través de ligas.
Y creamos las ligas profesionales como colectivo pseudo-organizador del deporte profesional…; pero eso sí, que tengan que contar con las federaciones deportivas españolas, a ver si se nos va a salir todo de madre, que con el sistema de federaciones deportivas tenemos todo atado y controlado a través del Consejo Superior de Deportes.
Se mete todo en la coctelera, se agita un poco para que todo ello mezcle bien (a decir verdad se agitó ello solo), ponemos a reposo un año y ya tenemos el problema del deporte profesional solucionado.
Pero si esto tiene que funcionar…; lo hemos copiado del sistema deportivo que mejor funciona del mundo: el sistema deportivo americano.
Sí, pero sólo copiasteis la punta del iceberg. Y todos sabemos que si los iceberg flotan es precisamente gracias a la parte que no se ve (y que es más grande que la parte visible).
Por eso vuestro cubito de hielo no flota y lleva sumergido todo el tiempo.
6 de agosto de 2004
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