El Final de la Cuenta Atrás
Sábado, 28 de Agosto de 2004 |
la aguja |
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arbitraje | olimpismo
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He elegido para intitular este artículo el de una película de 1980 (The Final Countdown) protagonizada por Kirk Douglas y Martin Sheen. A decir verdad, la trama, que versa sobre un anacronismo propiciado por una tormenta, no tiene mucho que ver con el artículo. Únicamente he rescatado el título de la cinta.
Como es costumbre inveterada en mí, hoy me he desayunado leyendo la prensa regional. Al llegar a la sección de deportes encontré allí una foto que me ha dejado taciturno para gran parte de la mañana.
La instantánea recoge el final de uno de los combates de taekwondo celebrado durante los Juegos Olímpicos (que no Olimpiadas) de Atenas 2004.
En ella se puede apreciar al competidor de la República Centroafricana tumbado en el suelo boca abajo. El chaval está noqueado, y, según se lee en la crónica, perdió el conocimiento.
Pero mejor presento la foto, espero que con permiso de los propietarios. Y permítaseme que añada el párrafo informativo que acompañaba al documento gráfico en La Nueva España del día 28 de agosto de 2004 por ser esclarecedor.

“En categoría masculina, el taekwondista Bertrand Gbongou (República Centroafricana), que perdió el conocimiento en el transcurso de un combate de la primera vuelta tras recibir una patada en la cabeza del austriaco Tuncay Caliskan, ha sido hospitalizado en un centro de la capital helena, donde será sometido a diversas pruebas médicas para comprobar el alcance de sus lesiones.“
No puedo evitar hacer un paréntesis para aludir al término “taekwondista“, recogido en el Vademécum de Español Urgente de la Agencia EFE, y por lo tanto, en principio, correctamente utilizado por el periodista. Pero en artes marciales siempre se ha utilizado el término taekwondoka, como judoka, karateka, aikidoka… No entiendo el porqué de la castellanización del término.
Terminado el paréntesis diré que lo que me ha mudado el ánimo, enojándome un tanto, es que el muchacho está fuera de combate, inerte en el suelo, y el árbitro parece ajeno a la situación.
Por la crónica sabemos que perdió el conocimiento tras la patada. Cualquier aficionado a los deportes de combate (y a otros deportes de contacto) sabe como cae una persona cuando queda sin sentido: “como un saco de patatas”, y perdón por la expresión.
La fotografía, una vez más, “vale más que mil palabras”. El chico está boca abajo (por lo que nadie puede ver su rostro), sin conocimiento, y el señor árbitro le está desgranando la cuenta. ¿Qué le está contando? ¿Una historia de terror para que no se duerma?
¡Caramba!, ¿a qué espera este buen señor para suspender la cuenta, dar el combate por terminado, y permitir que entren las asistencias médicas en el tatami?
Diez segundos pueden ser un lapso de tiempo tan valioso como para separar la vida de la muerte. O, sin ser tan dramáticos, para poder bajar un coma de grado 3 a grado 2, ó de grado 2 a grado 1 in situ.
Hay competidores que cuando caen producto de un golpe se desmadejan por completo (algunos de ellos peleadores de elite), aunque se puedan levantar de inmediato. Pero si quedan inertes en el suelo, uno o dos segundos todo lo más es lo que el árbitro debe permitir que se demore esta situación.
Rápidamente debe poner fin al combate (dando por perdedor al caído) y permitir que el médico (que deberá estar a pie de ring o de tatami) atienda al accidentado. Lo más que debe hacer el árbitro es darle la vuelta al noqueado, colocándolo de costado (para evitar se que ahogue con su propio vómito caso de producirse) y retirarle, con sumo cuidado, el protector bucal para evitar que el competidor se lo trague (con sumo cuidado para la integridad de sus dedos).
En la foto observo que el árbitro está ya por la cuenta de cinco y, por el entusiasmo que se le observa en su tarea, para proseguir hasta diez. Innecesariamente. El competidor no se va a levantar.
Por otro lado, los reglamentos de estos deportes suelen permitir al árbitro dar por concluido el combate a criterio personal, para evitar una corrección mayor de un rival superior. Y esto por muchos Juegos Olímpicos de que se trate.
Para ir finalizando; los reglamentos de deportes de combate también suelen facultar al médico (que deberá ser un experto en estos deportes, experiencia que puede adquirir de diferentes formas) para interrumpir el combate bajo su responsabilidad (mientras se está desgranando la cuenta el combate se está celebrando, por lo que puede ser interrumpido) y examinar a un peleador.
Todo esto en los deportes de combate de los que yo tengo algún conocimiento. Reconozco desconocer la reglamentación del taekwondo.
Pero si aquí no fuera tal y como yo he expuesto, me parece que para continuar en el programa olímpico los responsables federativos internacionales deberán revisar algunos puntos de su reglamentación. La seguridad del deportista debe estar por encima de todo. Más aún de cualquier planteamiento marcial. De lo contrario debería comenzar la cuenta atrás para el taekwondo olímpico.
Si por otro lado, el reglamento recogiera los puntos que he explicado, entonces creo que sería el momento de que alguien diera un buen tirón de orejas al señor árbitro (por mucho maestro octavo dan que pueda ser) y otro de paso al señor doctor (que seguro que también tendrá algún que otro dan, aunque sea a título honorífico).
Por último, una cuestión para que ellos reflexionen (y con ellos quien pueda encontrarse en un futuro en su situación): de haberse tratado de su propio hijo, ¿habrían permanecido impasibles hasta llegar al 10?
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de un descreído del deporte





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