Me entristece observar cómo hay monitores de base más preocupados en su currículo deportivo que en su trabajo. Y en todas las disciplinas, ¡oye!. Es igual dónde se mire. Estos monitores tratarán siempre de engordar su palmarés aunque sea a costa de sus entrenandos.

Lo triste es que en las categorías de base los entrenandos son niños y niñas que se acercaron a las escuelas deportivas, sean municipales o sean de un club, para disfrutar con sus amigos de la diversión que proporciona la actividad física.

Pero ¡ay! si el niño o niña presenta habilidades para el deporte; entonces se convertirá en el objeto codiciado de su monitor.

Comenzará un proceso en el que el monitor (o monitora, que todos son iguales) dedicará un tiempo extra a su alumno o alumna aventajado, muy posiblemente a costa de sus condiscípulos (que pagan la misma cuota que el niño hábil). Le dedicará también la mejor de las atenciones, y le obsequiará también con la mejor de sus sonrisas cuando el entrenando ejecute sus indicaciones.

Se trate de un deporte individual o colectivo, el monitor opera indefectiblemente igual. El alumno, que recordemos ya se mostraba aventajado cuando le llegó al monitor, se convertirá en cuestión de pocos meses en el paradigma de la escuela deportiva, pasando por delante de niños y niñas que quizá ya lleven allí dos o tres años.

En los deportes colectivos la situación, a mi juicio, se agrava; se crea un grupito de cabeza y un pelotón de los torpes. Y el monitor centra su atención en los alumnos (pues si asisten a una escuela, aun deportiva, deben ser alumnos) aventajados.

Son estos niños y/o niñas aventajados quienes le van a dar los beneficios. Cuando ganen en las competiciones escolares el monitor irá escalando peldaños en la pirámide social que le considerará un triunfador.

Los compañeros monitores, los directivos, la federación, los padres, los medios de comunicación, su novia o novio, los familiares y amistades, los propios niños y/o niñas…, todos sin excepción valorarán positivamente los éxitos deportivos tangibles.

Temporada tras temporada los niños y niñas irán pasando por la escuela deportiva, pero las medallas se irán sumando al currículo del monitor o monitora.

Para aquellos monitores (que también los hay) que han dedicado su tiempo a conjuntar un equipo, a igualar la calidad técnica de sus componentes, a enseñar a sus alumnos los valores intrínsecos del deporte, dejando para el final los planteamientos tácticos competitivos no le esperan las fotos de la prensa, las felicitaciones de compañeros, directivos y federativos, el agradecimiento exaltado de los padres…

La sonrisa de su novio o novia espero que la sigan viendo aunque éstos no entiendan que existe toda una gama de éxitos deportivos más gratificantes que los éxitos tangibles.

Quiero suponer que los entrenadores ávidos de éxitos personales operan así inconscientemente, y más por imitación que por premeditación. No les presupongo ningún tipo de malicia, pero sí de ignorancia (lo cual no sé si es bueno o peor).

Me baso para decir esto en la experiencia que he adquirido a través de varias horas de charlas con monitores que actúan de esta forma. Cuando se les razona y se les hace ver que su labor de educador ha de estar por encima de su labor de entrenador casi todos responden positivamente.

Pero también he observado que cuando se olvida el debate mantenido vuelven indefectiblemente a su actitud diaria, perdiendo de vista con facilidad el norte que les ha sido mostrado, tal vez por el contacto con el entorno en el que se desenvuelven.

Quizá sea a los padres a quienes nos corresponda poner coto a estas situaciones. Los directivos de los clubes no se ven con fuerza como para frenar a un monitor exitoso en el terreno deportivo, puesto que el beneficio recae directamente en el club.

Los medios de comunicación locales y comarcales también alientan la consecución de éxitos personales, sea o no premeditadamente. Y quienes deberían velar por el cumplimiento de los planes deportivos en materia de deporte para todos, las Administraciones locales a través de sus gerentes deportivos, en muchas ocasiones alientan a quienes son sus propios trabajadores al premiar los éxitos del monitor o monitora de turno.

El monitor de base ha perdido su faceta de educador y formador en beneficio de la faceta de entrenador deportivo, lo que a mi juicio es negativo.

Y quizá ellos no tengan toda la culpa por pensar así; hemos creado una sociedad deportiva escolar enfocada básicamente a la competición, a imagen y semejanza del deporte profesional.

Para finalizar quiero llamar la atención sobre aquellos que hablan como si fueran monitores-educadores y actúan como monitores-entrenadores: si ganan, entonces son los mejores; si no ganan comenzarán una rueda de disculpas (llegando algunas veces a exculparse e inculpar a terceras personas, como árbitros y organizadores) y encontrarán una perfecta excusa alegando que él o ella ponen todo su énfasis en la faceta formativa de su deporte.

Estos son los peores, porque conociendo la idea que deben imbuir en sus clases/entrenamientos de deporte base actúan como entrenadores-seleccionadores, eligiendo y aupando a los mejor dotados del grupo.

En ellos no presupongo ignorancia, sino malicia.

Dejaré para otro día a aquellos monitores que andan a la búsqueda y captura de los pequeños talentos deportivos de su entorno, rozando incluso el acoso para conseguir que los niños abandonen bien a la escuela deportiva rival, bien a otra disciplina deportiva en la que se hallan encuadrados en ese momento.

13 de agosto de 2004