Medallas y otros galardones
Viernes, 30 de Julio de 2004 |
la aguja |
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honores y premios
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El pasado mes de junio tuvimos que organizar una gala deportiva para realzar la entrega de los trofeos a los mejores jugadores de la liga asturiana de flagfootball (todos ellos en edad escolar).
Además de estos premios quisimos entregar a cada partipante un obsequio en recuerdo de su participación en esta primera edición de la liga escolar.
La idea afloró sola: una medalla. Pero las medallas son inútiles y estériles; sólo tienen sentido para homenajear a los tres primeros de una serie.
Si se dan medallas a todos los participantes se convierte en un objeto desposeído de su verdadero valor. ¿Para qué quiero yo una medalla que no he ganado y que me la han dado solamente por participar?
Me temo que estas medallas acaben donde han acabado las mías: en una caja. Y eso que las mías me costó lo suyo ganarlas. Sí señor. Allá por los años 70 y 80 no estaban las economías de los organizadores como para muchos dispendios.
Se compraban tres medallas, las consabidas de “oro”, “plata” y “bronce”, y asunto terminado. No había tiempo ni dinero para sentimentalismos para con los abnegados competidores que no accedían a la final, o para los que no ganaban la final de consolación, que así se llamaba a la lucha por el tercer y cuarto puesto.
Y qué poca gana se ponía en ese duelo, pudiendo haber estado disputando la final después de haber llegado a semifinales; aún no entiendo cómo hoy en día hacen luchar incluso a los profesionales por ese tercer y cuarto puesto; es más fácil conceder dos terceros puestos ex aequo y asunto arreglado. Incluso esto ya se hacía en aquella adusta época, aunque supusiera una medalla más por categoría.
Pero supongo que un encuentro más es un encuentro más, sobre todo si las televisiones abonan sus dividendos… Bueno, después de todo son eso: profesionales. Así es que tal vez se merezcan disputar sin gana ese último encuentro, que para eso les pagan. Aunque sea exponerse innecesariamente a una lesión…
Retomando el hilo de este monólogo, decía que una medalla regalada por participar, además de quedar sin valor para quien la recibe, no es algo que uno pueda ponerse para ir por la calle todos los días. Es decir, que además de perder su sentido no puede lucirse.
Así las cosas decidimos buscar un sustituto de la socorrida medalla.
¡Hombre!, hace unos años, huyendo también de las medallas y pensando en abaratar costes, nos sacamos de la manga la entrega de diplomas. Sí, ya sé…, un diploma por participar tampoco es algo que uno se cuelgue al cuello para salir a pasear.
Pero en aquel momento nos sacó de un apuro y gustó mucho el detalle. Era algo que en la zona en la que vivo no se había visto nunca.
Fuimos copiados inmediatamente por varios clubes cercanos, y la cascada de diplomas que ha seguido en varias disciplinas deportivas ha hecho de este galardón algo tan deslucido que ni siquiera nos lo planteamos para esta ocasión.
Aunque la verdad es que otorgando la medida justa de diplomas en el momento idóneo puede seguir siendo un galardón muy digno. Sobre todo si su diseño es atractivo.
Bueno, para no aburrir más al lector, diré que tras consultar con algunas empresas finalmente compramos unos llaveros. Los llaveros llevaban en el anverso una alegoría de nuestro deporte, el flagfootball, y en el reverso una inscripción alusiva a nuestro evento deportivo.
Un poquito más caros que la medalla sí salieron, y más aún porque adquirimos unos estuches que mejoraban su presentación. Y supimos enaltecer la entrega de los llaveros al hacerlo de uno en uno. ¡Qué feo detalle hubiera sido entregarlos sacándolos de una caja a montones!
Me temo que muchos de los modernos gestores, todos ellos muy titulados pero poco deportivos, no llegan a entender este mimo con el que tratamos a los deportistas. Conozco uno que ha comprado cientos de medallas todas iguales. Y cada vez que hay un evento deportivo en el pueblo las da a todos los chavales que por allí aparecen. Dentro de unos meses cada uno tendrá en su casa cinco o seis medallas todas iguales (y sin una triste inscripción que las diferencie, el muy burro).
Es de esperar que esas medallas acabarán todas en la caja… de la basura.
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de un descreído del deporte





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